Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"anticipo" poems
Ci vediamo in proiezione, ed ecco la città, in una sua povera ora nuda, terrificante come ogni nudità. Terra incendiata il cui incendio spento stasera o da millenni, è una cerchia infinita di ruderi rosa, carboni e ossa biancheggianti, impalcature dilavate dall'acqua e poi bruciate da nuovo sole. La radiosa Appia che formicola di migliaia di insetti - gli uomini d'oggi - i neorealistici ossessi delle Cronache in volgare. Poi compare Testaccio, in quella luce di miele proiettata sulla terra dall'oltretomba. Forse è scoppiata, la Bomba, fuori dalla mia coscienza. Anzi, è così certamente. E la fine del Mondo è già accaduta: una cosa muta, calata nel controluce del crepuscolo. Ombra, chi opera in questa èra. Ah, sacro Novecento, regione dell'anima in cui l'Apocalisse è un vecchio evento! Il Pontormo con un operatore meticoloso, ha disposto cantoni di case giallastre, a tagliare questa luce friabile e molle, che dal cielo giallo si fa marrone impolverato d'oro sul mondo cittadino... e come piante senza radice, case e uomini, creano solo muti monumenti di luce e d'ombra, in movimento: perché la loro morte è nel loro moto. Vanno, come senza alcuna colonna sonora, automobili e camion, sotto gli archi, sull 'asfalto, contro il gasometro, nell'ora, d'oro, di Hiroshima, dopo vent'anni, sempre più dentro in quella loro morte gesticolante: e io ritardatario sulla morte, in anticipo sulla vita vera, bevo l'incubo della luce come un vino smagliante. Nazione senza speranze! L'Apocalisse esploso fuori dalle coscienze nella malinconia dell'Italia dei Manieristi, ha ucciso tutti: guardateli - ombre grondanti d'oro nell'oro dell'agonia.
0
1.3k
Poesie mondane
Ci vediamo in proiezione, ed ecco la città, in una sua povera ora nuda, terrificante come ogni nudità. Terra incendiata il cui incendio spento stasera o da millenni, è una cerchia infinita di ruderi rosa, carboni e ossa biancheggianti, impalcature dilavate dall'acqua e poi bruciate da nuovo sole. La radiosa Appia che formicola di migliaia di insetti - gli uomini d'oggi - i neorealistici ossessi delle Cronache in volgare. Poi compare Testaccio, in quella luce di miele proiettata sulla terra dall'oltretomba. Forse è scoppiata, la Bomba, fuori dalla mia coscienza. Anzi, è così certamente. E la fine del Mondo è già accaduta: una cosa muta, calata nel controluce del crepuscolo. Ombra, chi opera in questa èra. Ah, sacro Novecento, regione dell'anima in cui l'Apocalisse è un vecchio evento! Il Pontormo con un operatore meticoloso, ha disposto cantoni di case giallastre, a tagliare questa luce friabile e molle, che dal cielo giallo si fa marrone impolverato d'oro sul mondo cittadino... e come piante senza radice, case e uomini, creano solo muti monumenti di luce e d'ombra, in movimento: perché la loro morte è nel loro moto. Vanno, come senza alcuna colonna sonora, automobili e camion, sotto gli archi, sull 'asfalto, contro il gasometro, nell'ora, d'oro, di Hiroshima, dopo vent'anni, sempre più dentro in quella loro morte gesticolante: e io ritardatario sulla morte, in anticipo sulla vita vera, bevo l'incubo della luce come un vino smagliante. Nazione senza speranze! L'Apocalisse esploso fuori dalle coscienze nella malinconia dell'Italia dei Manieristi, ha ucciso tutti: guardateli - ombre grondanti d'oro nell'oro dell'agonia.
Continue reading...
46
Viene Viene los dias no se van volando se arrastran Y yo lo anticipo los degrado, los lamento porque vienen? Tan lentos y sigilosos? Como serpiente Te muerden te envenenan tus pobres venas marchitadas por dias sin sanidad sin piedad vagos y explosivos Dias cautalosos dias hambrientos, me piden tiempo? sere yo para darlo? No se no sabes talvez no hay porque? dias cautalosos dias hambrientos Me piden tanto.
0
Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 11:42 PM UTC
Dias
Te lo pido una y otra vez Te lo digo te lo escribo Te lo enseño, te lo anticipo para exitarte para avisarte que vienen gritos que vienen lagrimas y arrepentimiento
0
Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 11:16 PM UTC
Aviso
Decían: «Ojú, qué frío»; no «Qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío». Resignadamente: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... En dónde habrían dejado sus jacas; en dónde habrían dejado su sol, su vino, sus olivos, sus salinas. En dónde habrían dejado su odio... Parecían hechos de indiferencia, pobreza, latigazo .. «Ojú, qué frío». Tiritaban bajo ropas delgadas, telas tejidas para cantar y morir siempre al sol. Y las llevaban para callar y vivir al frío de Ocaña y Burgos, al viento helado del mar del Dueso Los andaluces Estos que están esperando, desde Huelva hasta Jaén desde Jaén a Almería, junto a las plazas de cal y noche, deben de ser hijos de aquéllos Esperan que alguno venga a encerrarlos entre rejas. Como aquéllos, no preguntarán por qué. No se quejarán de nada Ni uno se rebelará. «Las cosas son como son, como siempre han sido, como han de ser mañana. Ojú, qué frío.» Los andaluces. Apenas dejaban sombra, sonido, cuando pasaban. Se borraban sus cabezas. Tan sólo un inmenso frío daba fe de ellos. Y aquella dejadez que rodeaba su fragilidad. Más solos que ninguno. Más hambrientos que ninguno. (Deseaba que odiasen, porque los vivos odian. Los vivos perdonan. El hombre es fuego y es lluvia. Lo hace el odio y el perdón.) Indiferentes: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... Un grano de trigo. Una oliva verde. (Guardad el aliento de la tierra, el parpadeo del sol para ayer, para mañana, para rescataros...) Quiero que despierten del pasado de frío, de los cerrojos del futuro. Todo está tan confuso. Yo no sé si los veo, los recuerdo, los anticipo...                   Hace pocos kilómetros tuve aquí, en mi mano, la madeja de los días. La emoción de los días. Como un padre que olvidó hace tiempo el rostro de los hijos muertos. Y ahora los recuerda. Y ahora vuelve a olvidarlos, unos pocos kilómetros más allá. Olvidados para siempre. Cuántos años hace de esto. O cuántos faltan para esto que hace un momento viví por los caminos... -ojú, qué frío- de Andalucía.
0
602
Los andaluces
Decían: «Ojú, qué frío»; no «Qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío». Resignadamente: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... En dónde habrían dejado sus jacas; en dónde habrían dejado su sol, su vino, sus olivos, sus salinas. En dónde habrían dejado su odio... Parecían hechos de indiferencia, pobreza, latigazo .. «Ojú, qué frío». Tiritaban bajo ropas delgadas, telas tejidas para cantar y morir siempre al sol. Y las llevaban para callar y vivir al frío de Ocaña y Burgos, al viento helado del mar del Dueso Los andaluces Estos que están esperando, desde Huelva hasta Jaén desde Jaén a Almería, junto a las plazas de cal y noche, deben de ser hijos de aquéllos Esperan que alguno venga a encerrarlos entre rejas. Como aquéllos, no preguntarán por qué. No se quejarán de nada Ni uno se rebelará. «Las cosas son como son, como siempre han sido, como han de ser mañana. Ojú, qué frío.» Los andaluces. Apenas dejaban sombra, sonido, cuando pasaban. Se borraban sus cabezas. Tan sólo un inmenso frío daba fe de ellos. Y aquella dejadez que rodeaba su fragilidad. Más solos que ninguno. Más hambrientos que ninguno. (Deseaba que odiasen, porque los vivos odian. Los vivos perdonan. El hombre es fuego y es lluvia. Lo hace el odio y el perdón.) Indiferentes: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... Un grano de trigo. Una oliva verde. (Guardad el aliento de la tierra, el parpadeo del sol para ayer, para mañana, para rescataros...) Quiero que despierten del pasado de frío, de los cerrojos del futuro. Todo está tan confuso. Yo no sé si los veo, los recuerdo, los anticipo...                   Hace pocos kilómetros tuve aquí, en mi mano, la madeja de los días. La emoción de los días. Como un padre que olvidó hace tiempo el rostro de los hijos muertos. Y ahora los recuerda. Y ahora vuelve a olvidarlos, unos pocos kilómetros más allá. Olvidados para siempre. Cuántos años hace de esto. O cuántos faltan para esto que hace un momento viví por los caminos... -ojú, qué frío- de Andalucía.
Continue reading...
79