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"alquimia" poems
Traigo sus ojos conmigo, los llevo para poder observar de cerca como él, para olvidarme, se aleja a toda prisa magullando y lastimando sus encogidas huellas, entre las espigas empalagosas, más allá de una vieja y arcaica alameda. El ya no huele a miel naranja en sus pupilas, tiene tantas mentiras arrastrando por ese campo! que las últimas primaveras que viva, las vivirá fingiendo, que ama los huecos de los árboles, cuando yo sé muy bien, que mueres por la alquimia filosofía. Un día cualquiera, lo sé, cuando el sol venza al fin su cansancio, oxigenará su monótona vida con alguna brisa perdida por el terruño, y me recordará. Me recordará en los murmullos opacos y casi con amargura en su piel, sabrá, que jamás pudo olvidarme, a mi, a su única quimera endemoniada, la que lo hacia encender vibrar, morir y vivir. Entonces, cuando los días se le acobarden en los orgasmos, clamara en silencio mis labios y se maldecirá por haber dicho tantas mentiras y por ocultar tantas verdades. Ya sabes que no te bendigo vida mía, porque siempre yo fui, una mujer con infiernos perversos, en los labios. LAS PALABRAS QUE PARTIERON Valentina de la Canal. copyleft Reserved 2008
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Feb 28, 2015
Feb 28, 2015 at 7:02 AM UTC
LAS PALABRAS QUE PARTIERON
Bien sé que para verte he menester la alquimia de la muerte que me transmute en alma, y delirante de amor y de ansiedad, a cada instante que llega, lo requiero diciéndole: "Ah, si fueses tú el postrero!" Es tan desmesurado, tan divino y tan hondo el futuro que adivino a través de las rutas estelares, y de uno en otro de los avatares, siempre contigo, noble compañera, que por poder morir, ¡ay, qué no diera!
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Vi. alquimia
“A alquimia é o arco-íris que une tudo o que é terreno e efémero aos planos celestes e eternos. É uma mistura de matéria e espírito, de querer e de saber. É a união da vida e da morte no seu mais perfeito sentido de existência: o da criação.”
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Sep 7, 2015
Sep 7, 2015 at 10:19 AM UTC
Alquimia: uma definição
Desde el primer Adán que vio la noche Y el día y la figura de su mano, Fabularon los hombres y fijaron En piedra o en metal o en pergamino Cuanto ciñe la tierra o plasma el sueño. Aqui está su labor: la Biblioteca. Dicen que los volúmenes que abarca Dejan atrás la cifra de los astros O de la arena del desierto. El hombre Que quisiera agotarla perdería La razón y los ojos temerarios. Aquí la gran memoria de los siglos Que fueron, las espadas y los héroes, Los lacónicos símbolos del álgebra, El saber que sondea los planetas Que rigen el destino, las virtudes De hierbas y marfiles talismánicos, El verso en que perdura la caricia, La ciencia que descifra el solitario Laberinto de Dios, la teología, La alquimia que en el barro busca el oro Y las figuraciones del idólatra. Declaran los infieles que si ardiera, Ardería la historia. Se equivocan. Las vigilias humanas engendraron Los infinitos libros. Si de todos No quedara uno solo, volverían A engendrar cada hoja y cada línea, Cada trabajo y cada amor de Hércules, Cada lección de cada manuscrito. En el siglo primero de la Hégira, Yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas Y que impone el Islam sobre la tierra, Ordeno a mis soldados que destruyan Por el fuego la larga Biblioteca, Que no perecerá. Loados sean Dios que no duerme y Muhammad,  Su Apóstol.
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Alejandría, 641 a.d.
Triste es saber que nuestra vida es sólo                         interminable adiós que, como un cuervo trágico, aletea                         en nuestro corazón; que cada paso nuestro, deja algo                         más que una huella en pos, algo que ya no vuelve a nuestra vida,                         que para siempre huyó; que lo que es hoy sonora melodía                         o encantada canción, será mañana cual rumor de hojas                         que el viento sacudió... Y en esta hora de melancolía,                         sufro el hondo dolor de preguntarme inútilmente, cuánto                         me durará tu amor... Que yo bien sé que cual la brisa deja                         sin perfume a la flor; que como el mar al fin borra la estela                         que un buque le dejó; que cual se desvanecen los colores                         de las flores, al Sol, y que como la alquimia del otoño                         trueca en oro el verdor, el nuestro en nuestras vidas obra el paso                         igual transformación, dejando despertares donde sueños                         y hastío donde amor... Y tengo mucho miedo de esa hora                         que puede sonar hoy, cuando al besar tus labios, sólo el frío                         responda a mi calor... Y yo tengo mucho miedo de ese hastío                         que puedo sentir yo, que robará a mis ojos el miraje                         azul de la ilusión... Y, en esta hora de melancolía,                         sufro el agrio dolor de no ignorar que un día, quizás pronto,                         nos diremos adiós...
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Triste es saber
Triste es saber que nuestra vida es sólo                         interminable adiós que, como un cuervo trágico, aletea                         en nuestro corazón; que cada paso nuestro, deja algo                         más que una huella en pos, algo que ya no vuelve a nuestra vida,                         que para siempre huyó; que lo que es hoy sonora melodía                         o encantada canción, será mañana cual rumor de hojas                         que el viento sacudió... Y en esta hora de melancolía,                         sufro el hondo dolor de preguntarme inútilmente, cuánto                         me durará tu amor... Que yo bien sé que cual la brisa deja                         sin perfume a la flor; que como el mar al fin borra la estela                         que un buque le dejó; que cual se desvanecen los colores                         de las flores, al Sol, y que como la alquimia del otoño                         trueca en oro el verdor, el nuestro en nuestras vidas obra el paso                         igual transformación, dejando despertares donde sueños                         y hastío donde amor... Y tengo mucho miedo de esa hora                         que puede sonar hoy, cuando al besar tus labios, sólo el frío                         responda a mi calor... Y yo tengo mucho miedo de ese hastío                         que puedo sentir yo, que robará a mis ojos el miraje                         azul de la ilusión... Y, en esta hora de melancolía,                         sufro el agrio dolor de no ignorar que un día, quizás pronto,                         nos diremos adiós...
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Lento en el alba un joven que han gastado la larga reflexión y las avaras vigilias considera ensimismado los insomnes braseros y alquitaras. Sabe que el oro, ese Proteo, acecha bajo cualquier azar, como el destino; sabe que está en el polvo del camino, en el arco, en el brazo y en la flecha. En su oscura visión de un ser secreto que se oculta en el astro y en el lodo, late aquel otro sueño de que todo es agua, que vio Tales de Mileto. Otra visión habrá; la de un eterno Dios cuya ubicua faz es cada cosa, que explicará el geométrico Spinoza en un libro más arduo que el Averno… En los vastos confines orientales del azul palidecen los planetas, el alquimista piensa en las secretas leyes que unen planetas y metales. Y mientras cree tocar enardecido el oro aquel que matará la Muerte, Dios, que sabe de alquimia, lo convierte en polvo, en nadie, en nada y en olvido.
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El alquimista