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"alegra" poems
No podemos pretender ser robots por siempre, No somos maquinas, la sangre corre entre nuestras venas, nos picas y no reaccionamos, Repito que no somos de metal, Estamos construidos sobre los huesos de nuestros antepasados, Criados con la carne de nuestras victimas, y eso tristemente nos alegra, Aunque pretendemos ser plasticos y sintizados, Somos todos de una substancia frágil, aunque se idealize un mecanico o una postiza, cuando todo se acabe, Cuando nos veamos a base de quien somos en realidad, nos daremos cuenta de lo débil, de lo exagerado que es nuestro especie, No tenemos ni la capacidad de ser hormigas, Ya, no podemos pretender ser robots.
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Feb 20, 2015
Feb 20, 2015 at 1:42 AM UTC
No podemos pretender ser robots..
Ai está o amor… Quando o coração se alegra e ri, Quando a pele se toca com sabor, Quando o sorriso é para ti, Ai .Sim há amor…! Quando as flores oferecem perfume, Quando o lume tem calor, Quando o ciúme é ciúme, Ai. Sim existe amor. Quando a alegria é gratuita, A vontade nos incita, O orvalho molha a flor, Ora essa… ai está o amor. Cordiais Cumprimentos. Victor Marques
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Jan 1, 2011
Jan 1, 2011 at 10:14 AM UTC
Aí está o amor...
Atencion Atencion! La depresion ya no existe Si! todos son unos locos muy muy tristes Estudios tras estudios de los estudiosos ingenuosos ya me lo han probado la depresion dexiste ya esta comprobado Oido tras boca que es antisocial que no se levanta y no sabe del manantial pero solo le hace falta ayuda celestial Que va ser? Si el nene tiene chavos madre y padre y par de carros Déjalo tranqiuilo esta en la etapa si nunca de alegra se va a matar
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 11:38 PM UTC
La depresion no existe
Cada uno va caminando por la vida tratando de resolver su dolor; sanando su ardiente herida se olvida del futuro y anhelante ardor. El pensamiento volando ingrávido cual mariposa temerosa en busca de luz tenue o fugaz. escapándose cuando el corazón es frágil movido por vendavales de temor o mares de calma o seguridad. A veces piensa porque vive, otras, vive porque piensa sin recordar que la circunstancia lo asiste para vivir la vida en el minuto que pertinaz resiste los arteros golpes de la aflicción o se alegra con la elemental felicidad del día. Jorge Gómez A. 1978
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Sep 27, 2013
Sep 27, 2013 at 12:41 AM UTC
PÉNDULO CARTESIANO
Ha muchos años que busco el yermo, ha muchos años que vivo triste, ha muchos años que estoy enfermo, ¡y es por el libro que tú escribiste! ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba la luz, las vegas, el mar Oceano; mas tú dijiste que todo acaba, que todo muere, que todo es vano! Antes, llevado de mis antojos, besé los labios que al beso invitan, las rubias trenzas, los grande ojos, ¡sin acordarme que se marchitan! Mas como afirman doctores graves, que tú, maestro, citas y nombras, que el hombre pasa como las naves, como las nubes, como las sombras... huyo de todo terreno lazo, ningún cariño mi mente alegra, y con tu libro bajo del brazo voy recorriendo la noche negra... ¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo, pálido asceta, qué mal me hiciste! ¡Ha muchos años que estoy enfermo, y es por el libro que tú escribiste!
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A kempis
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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La desesperación
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones y oír los aquilones horrísonos bramar, me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas, y sólo las centellas la tierra iluminar. Me agrada un cementerio de muertos bien relleno, manando sangre y cieno que impida el respirar; y allí un sepulturero de tétrica mirada con mano despiadada los cráneos machacar. Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo, inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer, y luego embravecida que estalla y que se agite y rayos mil vomite y muertos por doquier. Que el trueno me despierte con su ronco estampido, y al mundo adormecido le haga estremecer; que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento, que se hunda el firmamento me agrada mucho ver. La llama de un incendio que corra devorando escombros apilando quisiera yo encender; tostarse allí un anciano, volverse todo tea, oír como vocea, ¡qué gusto!, ¡qué placer! Me gusta una campiña de nieve tapizada, de flores despojada, sin fruto, sin verdor, ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre y sólo se vislumbre la muerte en derredor. Allá, en sombrío monte, solar desmantelado, me place en sumo grado la luna al reflejar; moverse las veletas con áspero chirrido igual al alarido que anuncia el expirar. Me gusta que al Averno lleven a los mortales y allí todos los males les hagan padecer; les abran las entrañas, les rasguen los tendones, rompan los corazones sin de ellos caso hacer. Insólita avenida que inunda fértil vega, de cumbre en cumbre llega, y llena de pavor, se lleva los ganados y las vides, sin pausa, y estragos miles causa ... ¡qué gusto!, ¡qué placer! Las voces y las risas, el juego, las botellas, en torno de las bellas alegres apurar; y en sus bocas lascivas, un beso a cada trago con voluptuoso halago alegres estampar. Romper después las copas, los platos, las barajas, y, abiertas las navajas, buscando el corazón, oír luego los brindis mezclados con quejidos que lanzan los heridos en llanto y confusión. Quisiera ver al uno que arrastra un intestino, y al otro pedir vino muriendo en un rincón; y otros, ya borrachos, en trino desusado cantar a Dios sagrado impúdica canción. Y mientras las queridas tendidas en los lechos, sin chales en los pechos y flojo el cinturón, mostrando sus encantos, sin orden el cabello, al aire el muslo bello. ¡Qué gozo! ¡Qué ilusión!
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Imagino um caminho fechado, ***** e sujo, Dentro do escuro, saem sombras despidas, Suas almas são vertidas, na solidão e eu fujo, Deixo para trás cores pretas, ficam perdidas! Apela-me ao coração, tantas vezes, a voz perfeita, Diz-me segredos da cor magnifica, a cor do arco iris, E agora que ficaria eu fazendo, fugindo da tal ceita, Que entrou na minha vida e saiu, como liquido que fiz! Transformou-se toda a minha vida, e a sujidade saiu, Como do túnel que antes descrevi e de lá almas libertei, Alegra-me plenamente o valor que meu coração adquiriu, Se entregou a ti alma gémea que amo e sinto, eu encontrei! De que serviu todo o antibiótico que tomei, senão para cura, Foi remédios de sentimentos sombrios, me transformaram, Meu ser é hoje de um homem, completamente de alma pura, Necessito apenas de oportunidade segura, que me partilharam! A tua entrega neste momento difícil, merece um festejo celestial, Não terá de ser festejado amanha, porque é hoje a tal festa ******* Meu coração encheu-se de sonhos, minhas armas carregaram igual, Completamente firme, penetro no mundo que deste, é o divinal! Autor: António Benigno Código de autor: 2013.07.31.02.12
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 5:06 AM UTC
Como seria, agora o é!
Iremos a buscar hojas de plátano al platanar.       Se alegra el mar. Iremos a buscarlas en el camino, padre de las madejas de lino.       Se alegra el mar. Porque la luna (cumple quince años a pena) se pone blanca, azul, roja, morena.       Se alegra el mar. Porque la luna aprende consejo del mar, en perfume de nardo se quiere mudar.       Se alegra el mar. Siete varas de nardo desprenderé para mi novia de lindo pie.     Se alegra el mar. Siete varas de nardo; sólo un aroma, una sola blancura de pluma de paloma.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí, yo bien lo sé, para mi novia de lindo pie.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí. ¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!       Se alegra el mar.
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Se alegra el mar
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Adán y eva ix
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta. Le llega la noticia a Jaime y éste se alegra: ¡qué maravilla! ¡Soy un poeta! ¡Soy un poeta importante! ¡Soy un gran poeta! Convencido, sale a la calle, o llega a la casa, convencido. Pero en la calle nadie, y en la casa menos: nadie se da cuenta de que es un poeta. ¿Por qué los poetas no tienen una estrella en la frente, o un resplandor visible, o un rayo que les salga de las orejas? ¡Dios mío!, dice Jaime. Tengo que ser papá o marido, o trabajar en la fábrica como otro cualquiera, o andar, como cualquiera, de peatón. ¡Eso es!, dice Jaime. No soy un poeta: soy un peatón. Y esta vez se queda echado en la cama con una alegría dulce y tranquila.
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El peatón
En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Dúo de amor
En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Ven mi Juan, y toma asiento En la mejor de tus sillas; Siéntate aquí, en mis rodillas, Y presta atención a un cuento. Así estás bien, eso es, Muy cómodo, muy ufano, Pero ten quieta esa mano; Vamos, sosiega esos pies. Este era un rey... me maltrata El bigote ese cariño, Este era un rey... vamos niño, Que me rompes la corbata. Si vieras con qué placer Ese rey... ¡Jesús! ¡qué has hecho! ¿Lo ves? en medio del pecho ¡Me has clavado un alfiler! ¿Y mi dolor te da risa? Escucha y tenme respeto: Éste era un rey... deja quieto El cuello de mi camisa. Oír atento es la ley Que a cumplir aquí te obligo... Deja mi reloj... prosigo. Atención: Este era un rey... Me da tormentos crueles Tu movilidad chicuelo, ¿Ves? has regado en el suelo Mi dinero y mis papeles. Responde: ¿me has de escuchar? Este era un rey... ¡qué locura! Me tiene en grande tortura Que te muevas sin parar. Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí Al fin cesa mi tormento... Este era un rey, oye el cuento Inventado para ti. Y agrega el niño, que es ducho En tramar cuentos a fe: «Este era un rey...» ya lo sé Porque lo repites mucho. Y me gusta el cuentecito Y mira ya lo aprendí: «Este era un rey», ¿no es así? «¡Qué bonito! ¡Qué bonito!» Y de besos me da un ciento, Y pienso al ver sus cariños: Los cuentos para los niños, No requieren argumento. Basta con entender Su espíritu de tal modo Que nos puedan hacer todo Lo que nos quieran hacer. Con lenguaje grato o rudo Un niño, sin hacer caso, Va dejando paso a paso A su narrador desnudo. Infeliz del que se escama Con esas dulces locuras: ¡Si estriba en sus travesuras El argumento del drama! ¡Oh Juan! me alegra y me agrada Tu movilidad tan terca; Te cuento por verte cerca Y no por contarte nada. Y bendigo mi fortuna, Y oye el cuento y lo sabrás; «Era un rey a quien jamás Le sucedió cosa alguna».
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Éste era un rey...
Ven mi Juan, y toma asiento En la mejor de tus sillas; Siéntate aquí, en mis rodillas, Y presta atención a un cuento. Así estás bien, eso es, Muy cómodo, muy ufano, Pero ten quieta esa mano; Vamos, sosiega esos pies. Este era un rey... me maltrata El bigote ese cariño, Este era un rey... vamos niño, Que me rompes la corbata. Si vieras con qué placer Ese rey... ¡Jesús! ¡qué has hecho! ¿Lo ves? en medio del pecho ¡Me has clavado un alfiler! ¿Y mi dolor te da risa? Escucha y tenme respeto: Éste era un rey... deja quieto El cuello de mi camisa. Oír atento es la ley Que a cumplir aquí te obligo... Deja mi reloj... prosigo. Atención: Este era un rey... Me da tormentos crueles Tu movilidad chicuelo, ¿Ves? has regado en el suelo Mi dinero y mis papeles. Responde: ¿me has de escuchar? Este era un rey... ¡qué locura! Me tiene en grande tortura Que te muevas sin parar. Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí Al fin cesa mi tormento... Este era un rey, oye el cuento Inventado para ti. Y agrega el niño, que es ducho En tramar cuentos a fe: «Este era un rey...» ya lo sé Porque lo repites mucho. Y me gusta el cuentecito Y mira ya lo aprendí: «Este era un rey», ¿no es así? «¡Qué bonito! ¡Qué bonito!» Y de besos me da un ciento, Y pienso al ver sus cariños: Los cuentos para los niños, No requieren argumento. Basta con entender Su espíritu de tal modo Que nos puedan hacer todo Lo que nos quieran hacer. Con lenguaje grato o rudo Un niño, sin hacer caso, Va dejando paso a paso A su narrador desnudo. Infeliz del que se escama Con esas dulces locuras: ¡Si estriba en sus travesuras El argumento del drama! ¡Oh Juan! me alegra y me agrada Tu movilidad tan terca; Te cuento por verte cerca Y no por contarte nada. Y bendigo mi fortuna, Y oye el cuento y lo sabrás; «Era un rey a quien jamás Le sucedió cosa alguna».
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En el bosque nos encontrabamos, llenos de secretos y perdidos en la penumbra. La vida era mucha mas amarga pero despues de esa noche supe que todo podria llegar a ser más dulce. Nunca pense que serías tú, pero me alegra que hayas sido la persona que abrio mis ojos para poder ver con claridad que la cida es difícil porque es cada quien el que la hace así. Un respiro con olor a menta me dijo que fuera feliz y hasta ese día comprendí que ya lo era.
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Mar 16, 2016
Mar 16, 2016 at 10:08 PM UTC
sueño
Si te alegra, Señor, el ruido ronco de este recibimiento que miramos, advierte que te dan todos los ramos, por darte el viernes más desnudo el tronco. ¿A dónde vas, Cordero, entre las fieras, pues ya conoces su intención villana? Todos, enfermos, te dirán "¡Hosanna!" Y no quieren sanar, sino que mueras. Hoy te reciben con los ramos bellos (aplauso sospechoso, si se advierte), pero otra noche, para darte muerte, te irán con armas a buscar en ellos. Y porque la malicia más se arguya de nación a su propio rey tirana, hoy te ofrecen sus capas, y mañana suertes verás echar sobre la tuya. Si vas en tus discípulos fiado, como de tu inocencia defendido, del postrero de todos vas vendido, y del primero, cerca de negado. Mal en los huertos tu piedad pagamos: tu paz con las olivas se atropella, pues son tu muerte, y fue la causa de ella la primer fruta y los primeros ramos.
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Semana santa, o lamentaciones de don francisco de quevedo villegas a la muerte de nuestro señor jesucristo
¿Eva era rubia? No. Con negros ojos vio la manzana del jardín: con labios rojos probó su miel; con labios rojos que saben hoy más ciencia que los sabios.Venus tuvo el azur en sus pupilas, pero su hijo no. Negros y fieros, encienden a las tórtolas tranquilas los dos ojos de Eros.Los ojos de las reinas fabulosas, de las reinas magníficas y fuertes, tenían las pupilas tenebrosas que daban los amores y las muertes.Pentesilea, reina de amazonas; Judith, espada y fuerza de Betulia; Cleopatra, encantadora de coronas, la luz tuvieron de tus ojos, Julia.La negra, que es más luz que la luz blanca del sol, y las azules de los cielos. Luz que el más rojo resplandor arranca al diamante terrible de los celos.Luz negra, luz divina, luz que alegra la luz meridional, luz de las niñas, de las grandes ojeras, ¡oh luz negra que hace cantar a Pan bajo las viñas!
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Alaba los ojos negros de julia
Borboleta do céu, da terra, do mar, Nasceste para haver luar. Determinada com asas para voar, Borboleta linda e doce no olhar. Pareces presdestinada no teu viver, Me engrandeces e a vida fazes compreender, Meu espírito se alegra e tudo quer amar, Borboleta colorida nas profundas mudanças, És portadora do bem e de poisar nas flores nunca te cansas. Oh borboletinha amada e querida, Sem perceber entraste na minha vida. Possa eu ser sempre ser vivo ressuscitado, E pelo teu amor ficar imortalizado, Num horizonte alaranjado eu irei um dia sepultar, Com borboletas coloridas sempre a voar. Victor Marques
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May 24, 2022
May 24, 2022 at 12:25 AM UTC
Doce Borboleta
Europa se ha prendido, se ha incendiado: de Rusia a Españ va, de extremo a extremo, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste occidente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, aventa: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Cruza un gran tormenta de aeroplanos y anhelos. Se propaga la sombra de Lenin, se propaga, avanza enrojecida por los hielos, inunda estepas, salta serranías, recoge, cierra, besa toda llaga, aplasta las miserias y las melancolías. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe. Es un olor que alegra los olfatos y una canción que halla sus ecos en las minas. España suena llena de retratos de Lenin entre hogueras matutinas. Bajo un diluvio de hombres extinguidos, España se defiende con un soldado ardiendo de toda podredumbre. Y por los Pirineos ofendidos alza sus llamas, sus hogueras tiende para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre.
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El incendio
Si vienes algún día a mi tristeza, Ya que mi corazón te espero en vano, Deja que en tu hombro incline la cabeza Y suavemente estréchame la mano. Sueños de entonces? Pétalos caídos ¡Plumas que ya volaron de los nidos! La gris melancolía de la tarde, Del cielo al campo a descender empieza. Una pálida estrella lejos arde... ¡Así el recuerdo tuyo en mi tristeza! Y aunque la noche va borrando el día, Algo dice en el alma: «¡Todavía!» De los naranjos a la grata sombra Se oían de un violín gemir las cuerdas:.. La misma voz lejana que hoy te nombra, Y parece decirte: «¿No te acuerdas?» Voz que cantaste en cármenes risueños: ¡Haz revivir los olvidados sueños! ¿Soñar?... Soñemos arabos. Al mirarte Se encienden en tu faz vivos sonrojos, Como cuando en los labios al besarte, Cerrabas, toda trémula, los ojos. Ojos, de mi ilusión casto embeleso, ¡Siempre cerrados al sentir mi beso! Me contarás mientras la noche avanza Lo que un tiempo feliz «pudo haber sido». Tal vez sonría entonces la esperanza, Y el antiguo dolor quede dormido. «¿Pudo haber sido?»... ¡Lo que fue, no existe! ¡Fue! ¡Lo más doloroso y lo más triste! Si vienes... Sí vendrás. Tu leve paso Franca hallará la conocida puerta. Aún hay néctar para tií en el vaso, Y el alma que durmió, ya está despierta. Y al evocar nuestros felices días, Los ojos cerrarás como solías. Y sin que haya en los labios un reproche, Mientras la luna es halo de las palmas, En el silencio habrá, bajo la noche, La conjunción celeste de dos almas. Almas errantes, bajo torvo ceño... ¡Juntas al fin en el azul de un sueño! En rama que no alegra ya un retoño Sus flores abre al sol la enredadera, Y es más hermosa la ilusión de otoño Cuando le dice al corazón: «¡Espera!» Puede haber una estrella en las neblinas, Y alguna rosa en el jardín en ruinas.
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Romanza antigua
Si vienes algún día a mi tristeza, Ya que mi corazón te espero en vano, Deja que en tu hombro incline la cabeza Y suavemente estréchame la mano. Sueños de entonces? Pétalos caídos ¡Plumas que ya volaron de los nidos! La gris melancolía de la tarde, Del cielo al campo a descender empieza. Una pálida estrella lejos arde... ¡Así el recuerdo tuyo en mi tristeza! Y aunque la noche va borrando el día, Algo dice en el alma: «¡Todavía!» De los naranjos a la grata sombra Se oían de un violín gemir las cuerdas:.. La misma voz lejana que hoy te nombra, Y parece decirte: «¿No te acuerdas?» Voz que cantaste en cármenes risueños: ¡Haz revivir los olvidados sueños! ¿Soñar?... Soñemos arabos. Al mirarte Se encienden en tu faz vivos sonrojos, Como cuando en los labios al besarte, Cerrabas, toda trémula, los ojos. Ojos, de mi ilusión casto embeleso, ¡Siempre cerrados al sentir mi beso! Me contarás mientras la noche avanza Lo que un tiempo feliz «pudo haber sido». Tal vez sonría entonces la esperanza, Y el antiguo dolor quede dormido. «¿Pudo haber sido?»... ¡Lo que fue, no existe! ¡Fue! ¡Lo más doloroso y lo más triste! Si vienes... Sí vendrás. Tu leve paso Franca hallará la conocida puerta. Aún hay néctar para tií en el vaso, Y el alma que durmió, ya está despierta. Y al evocar nuestros felices días, Los ojos cerrarás como solías. Y sin que haya en los labios un reproche, Mientras la luna es halo de las palmas, En el silencio habrá, bajo la noche, La conjunción celeste de dos almas. Almas errantes, bajo torvo ceño... ¡Juntas al fin en el azul de un sueño! En rama que no alegra ya un retoño Sus flores abre al sol la enredadera, Y es más hermosa la ilusión de otoño Cuando le dice al corazón: «¡Espera!» Puede haber una estrella en las neblinas, Y alguna rosa en el jardín en ruinas.
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Campesinita que sola Cerca estás del manantial, Pareces una amapola En el dormido trigal. Oyes del agua el correr Y al cristal la frente inclinas. ¿Será que te quieres ver Entre rojas clavellinas? Tu cabellera muy negra Con las espumas contrasta, Y es flor que tu boca alegra Tu leve sonrisa casta. Campesinita que el son De la fuente estás oyendo: Sed tiene mi corazón, Y de sed se está muriendo.
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En la fuente
Amo esta calle, y amo sus tristes casas en las que se entristecen cumpleaños y bodas, porque esta calle triste, se alegra cuando pasas tú, mujer preferida entre todas. Amo esta calle acaso porque en ella subsiste no sé qué somnolencia de arrabal provinciano. Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste me parece más triste cuando te espero en vano. Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella con sus fachadas sucias y sus portales viejos. Pero sé que es distinta cuando pasas por ella y te miro pasar... desde lejos. Por eso amo esta calle de soledad y hastío que ensancha sus aceras para alejar las casas. Mientras te espera en vano mi corazón vacío, ¡que es una calle triste por donde nunca pasas!
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Poema de una calle
La noche es fría. El cielo más y más se ennegrece. Llovizna. El viento airado la floresta estremece. Del cazador furtivo la casa está cerrada. El padre, sus dos hijos y un perro, a la hondonada Han ido a cacería, y están allá en acecho. Duerme el niño en la cuna junto al humilde lecho Donde tranquilamente duerme también la abuela, Y, nívea lana hilando, la hermosa niña vela. Lamparilla de aceite, de fulgor vacilante, Hace en el claro-oscuro resaltar su semblante Sonrosado, que el brillo de los ojos alegra, Y el oro del cabello que ata una cinta negra. De hilar deja de pronto... ¿Qué sensación la agita? ¿Será  temor acaso? ¿Será acaso una cita?... La puerta que da al campo se abre pausadamente, Y, apuesto y rubio, un joven penetra de repente Le tiende ella los brazos y le dice al oído: «Podría la abuelita despertar... No hagas ruido». En silencio se sientan, y parece el murmullo Vago de sus palabras, como si fuera arrullo. «¡Amor!», ella le dice, mientras le enjuga amante Las gotas de la lluvia que cúbrenle el semblante. -«¡Te amaré siempre!» Y ella responde conmovida: -«Para amarte es mi alma, para amarte es mi vida».  Luego exclama:                                   «Qué triste que seas tú, bien mío,  Hijo del guarda-bosque. ¿Por qué muro sombrío Separa nuestras almas y nuestra dicha trunca? ¡Te amaré mientras viva, mas ser tu esposa, nunca! Si esta pasión mi padre sospechara algún día, Si mi amor descubriera, de dolor moriría». El la interrumpe:                         «¡Calla, calla, no digas eso!» Y los azules ojos le cierra con un beso. Las horas raudas vuelan en la tranquila estancia... De pronto se oye el canto de un gallo a la distancia; Otro gallo contesta, y el cielo se colora Con los albores trémulos de la naciente aurora. Parte el enamorado y al bosque se encamina. El campo está cubierto por húmeda neblina; Y al hogar, fatigados y ateridos de frío, Los cazadores vuelven con el morral vacío. Ven moverse las hojas del matorral. Se paran, Y al matorral apuntan, y todos tres disparan... «No perdimos la noche», dicen con alegría, Y todos tres exclaman: «¡Qué buena cacería!» Salta el perro; entre arbustos al matorral se lanza, Y cuando llega, aúlla. Rápido el padre avanza Seguido de sus hijos... y sobre el suelo mira Al pobre hijo del guarda que entre su sangre expira.
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Noche en vela
La noche es fría. El cielo más y más se ennegrece. Llovizna. El viento airado la floresta estremece. Del cazador furtivo la casa está cerrada. El padre, sus dos hijos y un perro, a la hondonada Han ido a cacería, y están allá en acecho. Duerme el niño en la cuna junto al humilde lecho Donde tranquilamente duerme también la abuela, Y, nívea lana hilando, la hermosa niña vela. Lamparilla de aceite, de fulgor vacilante, Hace en el claro-oscuro resaltar su semblante Sonrosado, que el brillo de los ojos alegra, Y el oro del cabello que ata una cinta negra. De hilar deja de pronto... ¿Qué sensación la agita? ¿Será  temor acaso? ¿Será acaso una cita?... La puerta que da al campo se abre pausadamente, Y, apuesto y rubio, un joven penetra de repente Le tiende ella los brazos y le dice al oído: «Podría la abuelita despertar... No hagas ruido». En silencio se sientan, y parece el murmullo Vago de sus palabras, como si fuera arrullo. «¡Amor!», ella le dice, mientras le enjuga amante Las gotas de la lluvia que cúbrenle el semblante. -«¡Te amaré siempre!» Y ella responde conmovida: -«Para amarte es mi alma, para amarte es mi vida».  Luego exclama:                                   «Qué triste que seas tú, bien mío,  Hijo del guarda-bosque. ¿Por qué muro sombrío Separa nuestras almas y nuestra dicha trunca? ¡Te amaré mientras viva, mas ser tu esposa, nunca! Si esta pasión mi padre sospechara algún día, Si mi amor descubriera, de dolor moriría». El la interrumpe:                         «¡Calla, calla, no digas eso!» Y los azules ojos le cierra con un beso. Las horas raudas vuelan en la tranquila estancia... De pronto se oye el canto de un gallo a la distancia; Otro gallo contesta, y el cielo se colora Con los albores trémulos de la naciente aurora. Parte el enamorado y al bosque se encamina. El campo está cubierto por húmeda neblina; Y al hogar, fatigados y ateridos de frío, Los cazadores vuelven con el morral vacío. Ven moverse las hojas del matorral. Se paran, Y al matorral apuntan, y todos tres disparan... «No perdimos la noche», dicen con alegría, Y todos tres exclaman: «¡Qué buena cacería!» Salta el perro; entre arbustos al matorral se lanza, Y cuando llega, aúlla. Rápido el padre avanza Seguido de sus hijos... y sobre el suelo mira Al pobre hijo del guarda que entre su sangre expira.
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As estrelas que se encontram na noite suavemente, Estão tão iluminadas e tão distantes. O escuro da noite esconde sonhos por sonhar, Raio doce de luar que se vai com o teu olhar. Estrelas cintilantes e tão brilhantes, Serpenteiam no leito de dois amantes. Astros de plasma com muita luz e matéria degenerada, Na esfera celeste hoje e sempre abençoada. Sois fonte energia e agrupadas em constelações, Olhar para vós alegra nossos corações. Contempladas e amadas pareceis imortais, Sois estrelas de meus avós e meus pais. Estrela joven de rotação que com o dia desaparece, Feliz o que nela gravita quando anoitece . Nas estrelas e com as estrelas adormeço, Desde que nasci e me conheço. Estrelas,luz,sol
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Jan 15, 2024
Jan 15, 2024 at 4:05 PM UTC
Estrelas cintilantes e brilhantes
Tan alegra, tan graciosa, tan apacible, tan bella... ¡Y yo que la quise tanto! ¡Dios mío, si se muriera! Envuelta en oscuros paños la pondrían bajo tierra; tendría los ojos tristes, húmeda la cabellera. Y yo, besando su boca, allá, en la tumba, con ella, sería el único esposo de aquella pálida muerta.
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Abrojos - xlii
Crece, pequeñito cerezo teñido de blanco, alcanza La Luz, búscala, aunque esté muy lejos te iluminara de Alegría, no tapes a los demás para que no lleguen te caerás. No la arrebates de los demás te pudrirás. Crece alcánzala sin dejar nada atrás los necesitarás, ve acompañando con lo que siempre estuvieron junto a ti aunque no siempre haya sido así, los extrañarás. Crece junto a los demás  aunque en realidad estoy solito, sin color, ni esencia, tampoco Alegría o motivo del estar alegre, “estar vivo es una” si pero no es la alegría que busco, busco una alegría acompañada, una que pueda compartir solo un una persona no con todas. Aunque me nieguen y desaparezcan muchas sensaciones en el recorrido de mi vida, no me puedo quejar, hay muchas cosas que tengo que para otros no existentes, pero entre la existencia total desconocen que es ser amado o al menos que alguien piense en ti o le importes. Solo este cerezo a estado, seco, firme ante la tierra, pero olvidada, solo quiere que alguien se acuerde de él, aunque se interpongan eventos más importantes que sepan de su más nula existencia. Aunque luche por seguir adelante y haber dado todo en todos sus retos, aunque diga que no es necesaria, un reconocimiento pequeño le haría muy feliz. No se quiere sentir apartado, aunque lo esté. Un día una florecita bebé salió, desde hace años no le crecía una, se encariñó de ella y ante toda circunstancia la protegía y la alimentó de buenas cosas, cosas que se han perdido con los años, cosas que ya nadie aprecia y ve en ella un destello de humildad y pureza. Se alegra de ver algo así en años, y lo único que quiere es que crezca fuerte y hermosa, segura y sin temor a cosas nuevas, que sea el color rosa más tierno, hermoso y tenue que allá. No la quiere perder y espera que algún día ella pueda enseñarle cosas hermosas y como vivir en paz y que algún día ella pueda teñirle de rosa y darle color a su vida, como el cerezo crío de ella.
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Aug 18, 2019
Aug 18, 2019 at 10:30 AM UTC
Cerezo
Crece, pequeñito cerezo teñido de blanco, alcanza La Luz, búscala, aunque esté muy lejos te iluminara de Alegría, no tapes a los demás para que no lleguen te caerás. No la arrebates de los demás te pudrirás. Crece alcánzala sin dejar nada atrás los necesitarás, ve acompañando con lo que siempre estuvieron junto a ti aunque no siempre haya sido así, los extrañarás. Crece junto a los demás  aunque en realidad estoy solito, sin color, ni esencia, tampoco Alegría o motivo del estar alegre, “estar vivo es una” si pero no es la alegría que busco, busco una alegría acompañada, una que pueda compartir solo un una persona no con todas. Aunque me nieguen y desaparezcan muchas sensaciones en el recorrido de mi vida, no me puedo quejar, hay muchas cosas que tengo que para otros no existentes, pero entre la existencia total desconocen que es ser amado o al menos que alguien piense en ti o le importes. Solo este cerezo a estado, seco, firme ante la tierra, pero olvidada, solo quiere que alguien se acuerde de él, aunque se interpongan eventos más importantes que sepan de su más nula existencia. Aunque luche por seguir adelante y haber dado todo en todos sus retos, aunque diga que no es necesaria, un reconocimiento pequeño le haría muy feliz. No se quiere sentir apartado, aunque lo esté. Un día una florecita bebé salió, desde hace años no le crecía una, se encariñó de ella y ante toda circunstancia la protegía y la alimentó de buenas cosas, cosas que se han perdido con los años, cosas que ya nadie aprecia y ve en ella un destello de humildad y pureza. Se alegra de ver algo así en años, y lo único que quiere es que crezca fuerte y hermosa, segura y sin temor a cosas nuevas, que sea el color rosa más tierno, hermoso y tenue que allá. No la quiere perder y espera que algún día ella pueda enseñarle cosas hermosas y como vivir en paz y que algún día ella pueda teñirle de rosa y darle color a su vida, como el cerezo crío de ella.
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