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"alarma" poems
Con mi gorro y mi pipa, con mi luz tenue, mi cobija blanda y el cielo estrellado, pienso en ti;  y te mezclo con mi entorno, con mis ideas y mis locuras. Me río inocentemente, irónicamente, porque son cosas que solo se me ocurrirían a mí, verte bailando con un traje de ballet o un vestido, verte anunciando un producto en televisión, verte ahí parada justo frente a mí, con cara de alegría, como si me hubieras  esperado. verte así de pronto sin pensarte, como algo nuevo que no termino de explorar, verte disfrazada de rebeldía y de seriedad, verte así, sin verte, sentado sin parpadear, enloqueciendo, suspirando y alardeando como si supiera que decir.   Verte así,  sin verte, pensando en si algún día pasará, pensándote, así por la mitad, sin saber, si ser o no ser contigo, en una playa, en la vereda; con tus brazos en mis hombros, y mi alma en tu boca, verte así, lenta y maravillada, verte sonreír, verte enrojecer; me encanta, encanta que yo sienta esto, porque es raro, porque hay q darle vuelta al mundo para lograrlo,  porque me gustas así, como un helado, así de simple, así de complicado.   Me gustas, así sin verte, entre la alarma del despertador, entre el volumen de la televisión, en el libro a medio leer, en lo frío que está el piso, en mi taza de café y en mi lápiz azul, mientras te pienso, acostado y con los ojos cerrados.
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Oct 10, 2015
Oct 10, 2015 at 3:59 PM UTC
Me gustas
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Los cobardes
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Ahora, entre nosotros, aquí, ven conmigo, trae por la mano a tu cuerpo y cenemos juntos y pasemos un instante la vida a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte. Ahora, ven contigo, hazme el favor de quejarte en mi nombre y a la luz de la noche teneblosa en que traes a tu alma de la mano y huímos en puntillas de nosotros. Ven a mí, sí, y a ti, sí, con paso par, a vemos a los dos con paso impar, marcar el paso de la despedida. ¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta la vuelta! ¡Hasta cuando leamos, ignorantes! ¡Hasta cuando volvamos, despidámonos! ¿Qué me importan los fusiles?, escúchame; escúchame, ¿qué impórtenme, si la bala circula ya en el rango de mi firma? ¿Qué te importan a ti las balas, si el fusil está humeando ya en tu olor? Hoy mismo pesaremos en los brazos de un ciego nuestra estrella y, una vez que me cantes, lloraremos. Hoy mismo, hermosa, con tu paso par y tu confianza a que llegó mi alarma, saldremos de nosotros, dos a dos. ¡Hasta cuando seamos ciegos! ¡Hasta que lloremos de tánto volver! Ahora, entre nosotros, trae por la mano a tu dulce personaje y cenemos juntos y pasemos un instante la vida a dos vidas y dando una parte a nuestra muerte. Ahora, ven contigo, hazme el favor de cantar algo y de tocar en tu alma, haciendo palmas. ¡Hasta cuando volvamos! ¡Hasta entonces! ¡Hasta cuando partamos, despidámonos!
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Palmas y guitarra
Amanece en la ciudad Y una sola estrella arriba Pa' deslumbrar Ella esta cansa de parrandiar  Pero se queda pa' el despierto saludar Tiempo de gozaera  Tiempo pa desayunar Una mangu bien prepara'o Pa' esos amanecio's despertar Y no se preocupe Por si su alarma no escuchais Porque la estrellita esta ahi Sin descansar pa' calentar Dicen que no se ve Lucecita que viene a jugar Ella se juega escondite Dime lucecita a donde estas?
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Mar 6, 2014
Mar 6, 2014 at 8:54 AM UTC
Escondite cielito
Si existes ... Hoy te vi Te acercaste a mi Y, en silencio, Te combinaste Con mi latir. Hoy otra vez Me escape de ti... Logre salir, Pero sólo pude percibir tal discreta fragancia "Apagando la molesta Alarma." {(Ya deberías de incendiarla, entra en razón de una vez escritor!!!)} De tu existir Me he querido D i lu ir De tu imagen He querido M. O. R. I. R He hecho lo imposible Por humillarte Por escupirte, y destruirte. .. ... Y de nuevo me encuentro perdido Sin ti... No hay respuesta a Tal misterio Sólo se que tu existir Es verdadero Eres tan real como Aquiles y Goliath. Eres tan real.... como la dulce mañana Entrando por mi ventana Tan fría y refrescante Como lluvia en el tejado Tocando tus talones desnudos Tan arrogante e impresionante Como el fuego Tan desquiciante Eres tan real que J U E G As A quererte ocultar Y yo juego a querer escapar...
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Sep 3, 2014
Sep 3, 2014 at 10:57 AM UTC
Amor
Compañero remoto en tu fe de madera alerta en la querella que no se desvanece transcurres por los sueños y el incierto futuro sin parpadear ni vernos / custodio de la noche hacedores de inviernos y socorros mendigos legatarios de brumas y expiaciones se borran y te borran del próximo presagio dictándote el olvido y olvidándote de poco y nada sirven los residuos de las dulzuras o de las borrascas pero aun si proteges tu dolor bajo llave igual han de llegarte mi alarma y mi consuelo compañero de olvido / en el olvido estamos recordándonos sabiéndonos solidarios sin nombre / solitarios de a uno o en montón pero insepultos compañero de olvido / no te olvido tus tormentos asoman en mis sienes blancuzcas el mundo cambia pero no mi mano ni aunque dios nos olvide / olvidaremos
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Compañero de olvido
Al timón de un gallardo navío maniobra con manos prudentes un joven piloto. A través de la niebla trepida con pávido brío el metálico ritmo de un tañido remoto… Es la ronca campana marina, la inquietante campana, la campana de alarma que plañe en la costa lejana, al vaiven de la olas coléricas, su inquietud repentina. Suena, suena en la noche, vigilante campana costeña, revelando el acecho del escollo bravío; suena, suena con ímpetu, y despierta al piloto que sueña al timón de su débil navío! Pero el nauta inexperto no olvidó la prudencia en el puerto. Avizor, ambicioso y altivo -tres veces despierto-, oyó al punto, a lo lejos, la sonora advertencia. Y el ligero navío, de incontables tesoros repleto, bajo el sólido puño del piloto se inclina, y levanta la proa espumaste después, como un reto, mientras vibra más trémula y próxima la campana marina… Y el esplendido y noble navío se aleja ágilmente, y su blanco velamen gentil se destaca en la espesa y opaca neblina, eludiendo la rauda corriente, bajo el gélido azote de la racha inclemente, mientras hierve con sordo fragor la resaca... ............................................................................ Sí, Dios mio: ¡Se ha salvado un navío! Pero el orto navío inmortal, el navío inmortal que va a bordo de ese frágil navío, ¿Qué piloto es capaz de alejarlo del escollo fatal? Navío del alma, que ninguna bonanza sosiega; que en el tosco navío del cuerpo navegas en pos de una costa de luz que no llega: Navega, navío sin brújula, navega, navega, navega!, atento a la eterna y magnánima campana de Dios!
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La campana marina
Al timón de un gallardo navío maniobra con manos prudentes un joven piloto. A través de la niebla trepida con pávido brío el metálico ritmo de un tañido remoto… Es la ronca campana marina, la inquietante campana, la campana de alarma que plañe en la costa lejana, al vaiven de la olas coléricas, su inquietud repentina. Suena, suena en la noche, vigilante campana costeña, revelando el acecho del escollo bravío; suena, suena con ímpetu, y despierta al piloto que sueña al timón de su débil navío! Pero el nauta inexperto no olvidó la prudencia en el puerto. Avizor, ambicioso y altivo -tres veces despierto-, oyó al punto, a lo lejos, la sonora advertencia. Y el ligero navío, de incontables tesoros repleto, bajo el sólido puño del piloto se inclina, y levanta la proa espumaste después, como un reto, mientras vibra más trémula y próxima la campana marina… Y el esplendido y noble navío se aleja ágilmente, y su blanco velamen gentil se destaca en la espesa y opaca neblina, eludiendo la rauda corriente, bajo el gélido azote de la racha inclemente, mientras hierve con sordo fragor la resaca... ............................................................................ Sí, Dios mio: ¡Se ha salvado un navío! Pero el orto navío inmortal, el navío inmortal que va a bordo de ese frágil navío, ¿Qué piloto es capaz de alejarlo del escollo fatal? Navío del alma, que ninguna bonanza sosiega; que en el tosco navío del cuerpo navegas en pos de una costa de luz que no llega: Navega, navío sin brújula, navega, navega, navega!, atento a la eterna y magnánima campana de Dios!
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La indiferencia de la roca me conmueve y me aplaza cómo irme desgranando hora a hora pestaña tras pestaña pellejo tras pellejo ante ese paradigma de tesón y pureza no obstante apuesto a que la indiferencia de la roca quiere comunicarnos una alarma infinita
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La roca
Shshshsh mi amor, Sé que es embarazoso, que no te salen las palabras, que tienes miedo, que te aterra el mañana…. No te preocupes amor, No digas más nada, quédate ahí, te protegeré en mi nido. He puesto el huevo de nuestro amor en un nido que hospedara nuestra pasión, que nos protegerá de aves rapiña como lo son la desconfianza, la monotonía, y unos brazos cubiertos en nieve. Nuestro nido incubara todos nuestros sueños, protegiéndonos de las desilusiones, solo tenemos que cubrirnos en compasión uno al otro. Shshsh mi amor, ya estoy aquí. No mi amor, ya no tienes que sufrir. Si, cobíjate en mí, refugia tus penas en mis senos deseosos de ti. Mis piernas como membrana de huevo, tejerán las fibras que el cansancio te causo. Amalgamare tu lasitud con mis espumosos besos, germinando de ti un hombre vibrante y completo. Shussh mi amor, si quédate ahí, usare las yemas de mis dedos para emulsificar tus ilusiones con los aceites que excreten de las membranas de mis furores. Quédate ahí amor, nuestro nido está rodeado de canarios, jilgueros y ruiseñores, para que nos sirvan de alarma, recordándonos que ha llegado el alba, que nuevamente nos toca hacer el amor. En ese nido he colocado sutilmente nuestro huevo de amor, mi cascara te protegerá hasta que te sientas listo para con tus propia alas volar. LeydisProse 7/10/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Jul 10, 2017
Jul 10, 2017 at 2:18 PM UTC
Quédate en mi nido (te encubare en pasiones)
En reposo encantado, bajo una amplia enramarla, en la selva que cuna fue de alarma sombría, alba maravillosa con sus perlas hacía, en torno de ellos, rica, misteriosa morada. En el aire en que flota fragancia envenenada su palabra un encanto potente difundía; y el Héroe iba siguiéndola mientras que sacudía del Toisón en sus armas la claridad dorada. Iluminando el bosque vivaces resplandores, Grandes pájaros iban bajo arcadas de flores, y en los lagos de plata llovía azul fulgente. Amor les sonreía, mas la fatal Esposa se llevaba con ella, su furia de celosa, Y a su padre, y los dioses y los filtros de Oriente.
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Jasón y medea
nos creemos exentos de decirnos a la cara quienes somos y se nos borra ahora la risa como broma se asoma en estas mañanas frías dónde el sol sirve de alarma entre los huecos de aquel trapo que colgaste en tu ventana conseguí mi misa de cada semana y los vitrales de tus ojos cada domingo me dan un salmo y ya casi nunca me calmo ante la idea de que un día partas
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Oct 7, 2019
Oct 7, 2019 at 9:59 AM UTC
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