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"alabastro" poems
Spanish La princesita hipsipilo, la vibrátil filigrana, —Princesita ojos turquesas esculpida en porcelana— Llamó una noche a mi puerta con sus manitas de lis. Vibró el cristal de su voz como una flauta galana. —Yo sé que tu vida es gris. Yo tengo el alma de rosa, frescuras de flor temprana, Vengo de un bello país A ser tu musa y tu hermana!— Un abrazo de alabastro…luego en el clavel sonoro De su boca, miel suavísima; nube de perfume y oro La pomposa cabellera me inundó como un diluvio. O miel, frescuras, perfumes!…Súbito el sueño, la sombra Que embriaga..Y, cuando despierto, el sol que alumbra en mi alfombra Un falso rubí muy rojo y un falso rizo muy rubio! English The amazonian little princess, a vibratile filagree, —Turquoise eyes sculpted of porcelain, little princess— Called one night at my door with her small hands of iris. And the trilling crystal of her voice was like an elegant flute: —I know your life is gray. I have the soul of a rose, the dew of budding flowers, I come from a beautiful country To be your sister and muse!—. An arm of alabaster…then, in the sonorous carnation Of her mouth, softest honey; in a cloud of gold and perfume She surrounded me, brash horsewoman, like a deluge. Oh honey, freshness, perfumer!…The sudden dream, the shadow Which intoxicates…and when I wake, the sun that falls on my carpet In a false ruby very red, and a false ringlet very blond.
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El Poeta Y La Ilusion (The Poet And The Illusion)
Yo soy el antípoda del poeta americano Poets in the wind Yo soy el cadáver de la tumba Horses in the bed Yo soy el alabastro californiano California is my dream Yo soy el sueño de California Tiffany's bay Chocolate brew Yo soy la Costa Oeste West coast lips Adiós to California, Juan Adios to California, John Not John Coltrane Not John Smith Not John Bach John Hiatt is the name
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Jun 12, 2013
Jun 12, 2013 at 2:39 PM UTC
Adiós to California.
La ferocidad de un coito, Y ese fuego apagado en tu ****** de leona, te une y te completa, y la luz de tus ojos, y el Brillo intenso que mana De tu alma, me conecta A ti A tu deseo, a tu alma Brillante y adorada. Eres el fuego y el agua, Bajo mis dedos, ardes y apagas el fuego, y tu Pliegue erogeno se expande Para mi Lleva mi nombre, Como tatuado por tu Alma, como si tu corazon Lo hubiera impreso, Y brillas completa y amada, Bajo mis garras de Leon, ese Leon que es tuyo, Y adorada te ves en mis Garras Completa y amada, y tus ríos se abren para Mi, y yo bebo de ellos, Como si fueras el agua mas Pura Y en tus ojos, esa luz que te Pertenece como mi espada Samurai, y el espacio que las diabla dejaron en mi pecho Y el vapor que sale de nuestros Cuerpos al unirnos, es el Resultado de tu **** hermoso y Adorado, que oh MUDRAS HERMOSAS y adoradas sellan mi energía, Y nos comunica con el padre, y Somos uno, y te amo bajo su Energía, conectados a EL. y bajo sus ojos y en su Energía, te llenas de luz, Y asciendiendo vas llegando a ese hermoso despertar, y tu pliegue erogeno, es besado y adorado, y cuando entro con fuerza, siento que llego a casa, y que me perteneces Y tu piel blanca de alabastro Lleva mi nombre, un nombre que es tuyo.
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Oct 18, 2018
Oct 18, 2018 at 4:13 PM UTC
Untitled
¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambre de mariposas? Quizá.               En sus grutas doradas, con sus diademas de oro, allí estaban, como un coro de reinas, todas las hadas.   Las que tienen prisioneros a los silfos de la luz, las que andan con un capuz salpicado de luceros.   Las que mantos de escarlata lucen con regio donaire, y las que hienden el aire con su varita de plata.   ¿Era día o noche?                                         El astro de la niebla sobre el tul, florecía en campo azul como un lirio de alabastro.   Su peplo de oro la incierta alba ya había tendido. Era la hora en que en su nido toda alondra se despierta.   Temblaba el limpio cristal del rocío de la noche, y estaba entreabierto el broche de la flor primaveral.   Y en aquella región que era de la luz y la fortuna, cantaban un himno, a una, ave, aurora y primavera.   Las hadas -aquella tropa brillante-, Delia, que he dicho, por un extraño capricho fabricaron una copa.   Rara, bella, sin igual, y tan pura como bella, pues aún no ha bebido en ella ninguna boca mortal.   De una azucena gentil hicieron el cáliz leve, que era de polvo de nieve y palidez de marfil.   Y la base fue formada con un trémulo suspiro, de reflejos de zafiro y de luz cristalizada.   La copa hecha se pensó en qué se pondría en ella (que es el todo, niña bella, de lo que te cuento yo).   Una dijo: -La ilusión; otra dijo: -La belleza; otra dijo: -La riqueza; y otra más: -El corazón.   La Reina Mab, que es discreta, dijo a la espléndida tropa: -Que se ponga en esa copa la felicidad completa.   Y cuando habló Reina tal, produjo aplausos y asombros. Llevaba sobre sus hombros su soberbio manto real.   Dejó caer la divina Reina de acento sonoro, algo como gotas de oro de una flauta cristalina.   Ya la Reina Mab habló; cesó su olímpico gesto, y las hadas tanto han puesto que la copa se llenó.   Amor, delicia, verdad, dicha, esplendor y riqueza, fe, poderío, belleza... ¡Toda la felicidad!...   Y esta copa se guardó pura, sola, inmaculada. ¿Dónde?                     En una isla ignorada. ¿De dónde?                             ¡Se me olvidó!...   ¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambres de mariposas?   Esto nada importa aquí, pues por decirte escribía que esta copa, niña mía, la deseo para ti.
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La copa de las hadas
¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambre de mariposas? Quizá.               En sus grutas doradas, con sus diademas de oro, allí estaban, como un coro de reinas, todas las hadas.   Las que tienen prisioneros a los silfos de la luz, las que andan con un capuz salpicado de luceros.   Las que mantos de escarlata lucen con regio donaire, y las que hienden el aire con su varita de plata.   ¿Era día o noche?                                         El astro de la niebla sobre el tul, florecía en campo azul como un lirio de alabastro.   Su peplo de oro la incierta alba ya había tendido. Era la hora en que en su nido toda alondra se despierta.   Temblaba el limpio cristal del rocío de la noche, y estaba entreabierto el broche de la flor primaveral.   Y en aquella región que era de la luz y la fortuna, cantaban un himno, a una, ave, aurora y primavera.   Las hadas -aquella tropa brillante-, Delia, que he dicho, por un extraño capricho fabricaron una copa.   Rara, bella, sin igual, y tan pura como bella, pues aún no ha bebido en ella ninguna boca mortal.   De una azucena gentil hicieron el cáliz leve, que era de polvo de nieve y palidez de marfil.   Y la base fue formada con un trémulo suspiro, de reflejos de zafiro y de luz cristalizada.   La copa hecha se pensó en qué se pondría en ella (que es el todo, niña bella, de lo que te cuento yo).   Una dijo: -La ilusión; otra dijo: -La belleza; otra dijo: -La riqueza; y otra más: -El corazón.   La Reina Mab, que es discreta, dijo a la espléndida tropa: -Que se ponga en esa copa la felicidad completa.   Y cuando habló Reina tal, produjo aplausos y asombros. Llevaba sobre sus hombros su soberbio manto real.   Dejó caer la divina Reina de acento sonoro, algo como gotas de oro de una flauta cristalina.   Ya la Reina Mab habló; cesó su olímpico gesto, y las hadas tanto han puesto que la copa se llenó.   Amor, delicia, verdad, dicha, esplendor y riqueza, fe, poderío, belleza... ¡Toda la felicidad!...   Y esta copa se guardó pura, sola, inmaculada. ¿Dónde?                     En una isla ignorada. ¿De dónde?                             ¡Se me olvidó!...   ¿Fue en las islas de las rosas, en el país de los sueños, en donde hay niños risueños y enjambres de mariposas?   Esto nada importa aquí, pues por decirte escribía que esta copa, niña mía, la deseo para ti.
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Pensó           ojalá que no pero esta vez acaso sea la última. Con el deseo más tierno que otras noches tentó las piernas de la mujer nueva         que afortunadamente no eran de carrara posó toda su palma sobre la hierbabuena         y sintió que su mano agradecía viajó moroso y sabio por el vientre         se conmovió con valles y colinas se demoró en el flanco y su hondonada         que siempre era su premio bienvenido anduvo por los pechos eligiendo al azar         y allí se quedó un rato descifrando con el pulgar y el índice reconoció los labios         que afortunadamente no eran de coral y deslizó una mano por debajo del cuello         que afortunadamente no era de alabastro. Pensó             ojalá que no pero puede ser la última. Y si después de todo es la última vez. Entonces cómo         cómo haré mañana de donde sacaré la fuerza y el olvido para tomar distancia de esta orografía de esta comarca en paz de esta patria ganada                                       apenas y a penas                                       a tiempo y a dulzura                                       a ráfagas de amor.
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Apenas y a penas
Corrido el cortinaje, desde el balcón de enfrente vi su cuarto, el cuarto de la virgen, que mi sueño arrulla en las mañanas con su canto. Jarrones de Sajonia descansaban sobre consola de bruñido mármol; y del sol que moría los postrimeros rayos hacían resaltar en la penumbra las doradas molduras de los cuadros, las lámparas de bronce los ricos muebles de nogal tallado, las cortinas del lecho, y en el muro los brillantes espejos venecianos. Y en un rojo sillón, que parecía a su dueña esperar medio borrado por la naciente sombra, se veía un corsé de blanco raso. Y pensé entonces en las frentes pálidas, y en los risueños labios, en los azules ojos y en los cabellos áureos, en las cinturas breves y en los ebúrneos brazos; en el velo flotante de las novias y de las niñas en los sueños castos, y de las vírgenes carnes sonrosadas y en los púdicos senos de alabastro. ¡Quién fuera su corsé! -me dije entonces-, quién fuera su corsé de blanco raso, para saber si late aún su corazón ingrato.
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Su corsé
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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Pureza
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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I couldst just telleth by her luminous crystal tiara, And her eburnean alabaster capa That she was an ser angelical........... ©Brandon nagley ©Lonesome poet's poetry
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Jul 10, 2015
Jul 10, 2015 at 9:13 AM UTC
Envuelto en alabastro ( Cloaked in alabaster) spanish tongue
Una gota de rocio Una caricia de lascivia Dos cuerpos unidos, Enlazados y conectados Perdidos en el otro, En una danza secreta E intima La concrecion del deseo, Sin ataduras, ni espacios Para el ego Juntos en la Unión sacra Y perfecta, dos mitades De un puzzle cosmico Llegando a puerto Sanos y salvos, el triunfo de la verdad La HERMOSA  consecuencia De la pasion, y la dulce recompensa de tus labios Un pedazo del cielo es yacer en tus brazos Y tú cuerpo, sobre El mio, alcanzando la Gloria Mientras bajo tu cuerpo Descanzo yo y mi Alma serenos Absorto y perdido En la dulzura de Tu cuerpo Y una caricia de lascivia De mis dedos en ti Y tu reaccion HERMOSA es la gloria para mi Y la musica d tus labios Es cancion divina Y la caricia lasciva Y el eco de tus ojos Resuena al despertar Como tu respiración En mi oido Yacer a tu lado, perdido En tus brazos de alabastro Y tus labios de rubi, mientras tu alma brilla De placer y verdades Y el deseo que nos une Perdido en tus brazos de alabastro, quizas fui Hallado.
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Jun 7, 2018
Jun 7, 2018 at 7:14 PM UTC
Conexion
Turbaban mi conciencia en el precario vivir, el ala inquieta, el viento vario, fantasmas familiares, misterios presentidos, amores y cantares de jóvenes floridos, el vino, el mar, el día en el Acuario. Y la meliflua vocación interna; sentir, cantar, en raptos doloridos "ser yo", -"no ser"-, en sucesión alterna. Tronco en la plenitud, hundió mi alma su raíz en el légamo de muerte que nutre las corolas de la vida, y dio el perfume infuso en su ramaje. Vuela el perfume, mas se consume; ilusorio celaje pide al éter sutil que lo asume y en el raudal fluïdo de las auras de abril hace el viaje y se consume... ¡Oh insaciedad del hálito y la nébula, y el amor, y el impulso, y el anhelo! No un dios pagano, pero sí su rastro. No el himno divo, pero sí el suspiro. No el mármol, mas el plinto de alabastro. Y una sensualidad de antiguo giro.
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Acuarimántima v
La sombra de mi alma Huye por un ocaso de alfabetos, Niebla de libros Y palabras.   ¡La sombra de mi alma!   He llegado a la línea donde cesa La nostalgia, Y la gota de llanto se transforma Alabastro de espíritu.   (¡La sombra de mi alma!)   El copo del dolor Se acaba, Pero queda la razón y la sustancia De mi viejo mediodía de labios De mi viejo mediodía De miradas.   Un turbio laberinto De estrellas ahumadas Enreda mi ilusión Casi marchita.   ¡La sombra de mi alma!   Y una alucinación Me ordeña las miradas. Veo la palabra amor Desmoronada.   ¡Ruiseñor mío! ¡Ruiseñor! ¿Aún cantas?
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La sombra de mi alma
Carne, carne maldita que me apartas del cielo; carne tibia y rosada que me impeles al vicio; ya rasgué mis espaldas con cilicio y flagelo por vencer tus impulsos, y es en vano, ¡te anhelo a pesar del flagelo y a pesar del cilicio! Crucifico mi cuerpo con sagrados enojos, y se abraza a mis plantas Afrodita la impura; me sumerjo en la nieve, mas la templan sus ojos; me revuelco en un tálamo de punzantes abrojos, y sus labios lo truecan en deleite y ventura. Y no encuentro esperanza, ni refugio ni asilo, y en mis noches, pobladas de febriles quimeras, me persigue la imagen de la Venus de Milo, con sus lácteos muñones, con su rostro tranquilo y las combas triunfales de sus amplias caderas. ¡Oh Señor Jesucristo, guíame por los rectos derroteros del justo; ya no turben con locas avideces la calma de mis puros afectos ni el caliente alabastro de los senos erectos, ni el marfil de los hombros, ni el coral de las bocas!
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Delicta carnis