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"alabanza" poems
Un dia orando le dije a mi Señor tu el alfarero y yo el barro soy moldea mi vida a tu parecer haz como tu quieras asme un nuevo ser. Coro Me dijo no me gustas te voy a quebrantar y en un vaso nuevo te voy a transformar pero en el proceso te voy hacer llorar porque pr el fuego te voy hacer pasar Quiero una sonrisa cuando todo va mal quiero una alabanza en lugar de tu quejar, quiero tu confianza en la tempestad y quiero que aprendas tambien a perdonar
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Nov 3, 2015
Nov 3, 2015 at 3:23 AM UTC
Nena Leal - El Alfarero
El ha cambiado mi lamento en alabanza, ha ceñido mi vida con su Santo Espíritu Ha trasnformado el agua en vino ha derramado su fresca unción y su Espíritu ministra Vino Celestial (Coro) Hay vino Celestial (x8) ¡Se derrama en este lugar!
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Nov 7, 2015
Nov 7, 2015 at 2:06 AM UTC
Miel San Marcos - Vino Celestial
Trampas, ponen en mi camino trampas. Construidas de palabras de alabanza. Desean saber sobre mí, no saben que yo sé con antelación, lo que se planea. Desconocen que puedo leer el corazón y ver el Alma, sin importar la distancia... No es fácil conocerme, no porque no me muestre tal como soy, que soy. Tal como me muestro,Sino, porque no soy una hombre, como otra hombre, mi modo de ser y de pensar es diferente. No es fácil conocerme, no, no lo es, porque soy imprevisible. Jamás planeo nada. Todo surge instantáneamente y me dejo llevar por las corrientes del destino. No pongo resistencia. No es fácil conocerme a pesar de ser un libro abierto en sentimientos. Intenté proteger a algunas personas, y el bien que yo he dejado a los demás, me lo deseaban pagar con trampas. Cada cual recogerá lo que siembre. Yo sembraré bondad, por donde camin, pero no confiaré jamás, en personas que intentan pagar Mal, por el Bien que han recibido. Y evitaré esas trampas, como llevo haciendo toda mi vida.
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Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 9:45 AM UTC
Traps... a semi poem
Igual que el ballestero tahúr de la cantiga, tuviera una saeta el hombre ibero para el Señor que apedreó la espiga y malogró los frutos otoñales, y un «gloria a ti» para el Señor que grana centenos y trigales que el pan bendito le **** mañana.       «Señor de la ruïna, adoro porque aguardo y porque temo: con mi oración se inclina hacia la tierra un corazón blasfemo.       »¡Señor, por quien arranco el pan con pena, sé tu poder, conozco mi cadena!       »¡Oh dueño de la nube del estío que la campiña arrasa, del seco otoño, del helar tardío, y del bochorno que la mies abrasa!       »¡Señor del iris, sobre el campo verde donde la oveja pace, Señor del fruto que el gusano muerde y de la choza que el turbión deshace,       »tu soplo el fuego del hogar aviva, tu lumbre da sazón al rubio grano, y cuaja el hueso de la verde oliva, la noche de San Juan, tu santa mano!       »¡Oh dueño de fortuna y de pobreza, ventura y malandanza, que al rico das favores y pereza y al pobre su fatiga y su esperanza!       »¡Señor, Señor: en la voltaria rueda del año he visto mi simiente echada, corriendo igual albur que la moneda del jugador en el azar sembrada!       »¡Señor, hoy paternal, ayer cruento, con doble faz de amor y de venganza, a ti, en un dado de tahúr al viento va mi oración, blasfemia y alabanza!»       Este que insulta a Dios en los altares, no más atento al ceño del destino, también soñó caminos en los mares y dijo: es Dios sobre la mar camino.       ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra más allá de la suerte, más allá de la tierra, más allá de la mar y de la muerte?       ¿No dio la encina ibera para el fuego de Dios la buena rama, que fue en la santa hoguera de amor una con Dios en pura llama?       Mas hoy... ¡Qué importa un día! Para los nuevos lares estepas hay en la floresta umbría, leña verde en los viejos encinares.       Aún larga patria espera abrir al corvo arado sus besanas; para el grano de Dios hay sementera bajo cardos y abrojos y bardanas.       ¡Qué importa un día!  Está el ayer alerto al mañana, mañana al infinito, hombres de España, ni el pasado ha muerto, no está el mañana -ni el ayer- escrito.       ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano? Mi corazón aguarda al hombre ibero de la recia mano, que tallará en el roble castellano el Dios adusto de la tierra parda.
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El dios ibero
Igual que el ballestero tahúr de la cantiga, tuviera una saeta el hombre ibero para el Señor que apedreó la espiga y malogró los frutos otoñales, y un «gloria a ti» para el Señor que grana centenos y trigales que el pan bendito le **** mañana.       «Señor de la ruïna, adoro porque aguardo y porque temo: con mi oración se inclina hacia la tierra un corazón blasfemo.       »¡Señor, por quien arranco el pan con pena, sé tu poder, conozco mi cadena!       »¡Oh dueño de la nube del estío que la campiña arrasa, del seco otoño, del helar tardío, y del bochorno que la mies abrasa!       »¡Señor del iris, sobre el campo verde donde la oveja pace, Señor del fruto que el gusano muerde y de la choza que el turbión deshace,       »tu soplo el fuego del hogar aviva, tu lumbre da sazón al rubio grano, y cuaja el hueso de la verde oliva, la noche de San Juan, tu santa mano!       »¡Oh dueño de fortuna y de pobreza, ventura y malandanza, que al rico das favores y pereza y al pobre su fatiga y su esperanza!       »¡Señor, Señor: en la voltaria rueda del año he visto mi simiente echada, corriendo igual albur que la moneda del jugador en el azar sembrada!       »¡Señor, hoy paternal, ayer cruento, con doble faz de amor y de venganza, a ti, en un dado de tahúr al viento va mi oración, blasfemia y alabanza!»       Este que insulta a Dios en los altares, no más atento al ceño del destino, también soñó caminos en los mares y dijo: es Dios sobre la mar camino.       ¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra más allá de la suerte, más allá de la tierra, más allá de la mar y de la muerte?       ¿No dio la encina ibera para el fuego de Dios la buena rama, que fue en la santa hoguera de amor una con Dios en pura llama?       Mas hoy... ¡Qué importa un día! Para los nuevos lares estepas hay en la floresta umbría, leña verde en los viejos encinares.       Aún larga patria espera abrir al corvo arado sus besanas; para el grano de Dios hay sementera bajo cardos y abrojos y bardanas.       ¡Qué importa un día!  Está el ayer alerto al mañana, mañana al infinito, hombres de España, ni el pasado ha muerto, no está el mañana -ni el ayer- escrito.       ¿Quién ha visto la faz al Dios hispano? Mi corazón aguarda al hombre ibero de la recia mano, que tallará en el roble castellano el Dios adusto de la tierra parda.
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La vida es un gran campo de combate: Ved al hombre luchar de polo a polo; Yo le llamo vencido al que se abate Porque se ve sin armas y está solo. Más nocivos que el buitre carnicero, Y que la sierpe que veneno entraña, Son el amigo hipócrita y artero, El hijo ingrato y la mujer que engaña. La verdad es la luz; el hombre vano Que más la oculta, en su maldad se estrella; Que no me extienda su alevosa mano, Quien no me dé su corazón con ella. Evitar a otros daños y amargura, Ser en sus penas bálsamo y testigo, Secar su llanto, darle la ventura Y servirle sin premio, es ser su amigo. No confundáis lisonja y alabanza; Distinto son el lucro y el cariño; No mueva el interés a la esperanza; Amad como la madre o como el niño. La experiencia es la hermana de la duda; No es fiero todo aquel que está en campaña, Ni amigo todo aquel que nos saluda, Ni hermano todo aquel que os acompaña. Abrid los ojos, pobres caminantes, Sed del humano batallar testigos, Que cual llegan a odiarse dos amantes, Llegan hasta matarse dos amigos. No contrariéis el propio sentimiento Ni la noble verdad neguéis por nada, Preferid a riquezas y talento Franco carácter y palabra honrada.
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A todos
Pizarro And there he lay dying In a pool of his own blood He drew a symbol of the cross alabanza a usted, el quien es dios, jesucristo So far away from home With brothers at his side A lust for gold A taste of blood He came flying off the water He went marching through the mire One hundred and sixty faithful men Fighting an empire So far away from home With brothers at his side A lust for gold A taste of blood
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May 19, 2016
May 19, 2016 at 10:24 PM UTC
The New Sounds Of Peru
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
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La doncella verde
En la quieta impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, padrinos del erótico abrazo, el mundo de Rubén Darío se contrista por el cordial filósofo que sembró en el regazo de América esperanzas, por el espectro artista que hoy arroba al Zodíaco con su arenga optimista. Yo alabo al confesor de la Santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza. Esperanza, doncella verde, tu vestidura es el matiz de una corteza prematura. Esperanza, en el arco iris, tu cabellera ameniza los cielos como una enredadera. Esperanza, los astros en que titila el verde son el feudo en que moras y en que tu luz se pierde. Los ojos vegetales con que miras y salvas parodian a la felpa rústica de las malvas. En la luz teologal de tus dos ojos claros se surten las luciérnagas, las joyas y los faros. Rayan la oscuridad del más oscuro mes las puntas de esmeralda de tus ínclitos pies. Y tapizas el antro submarino, y la armónica cuita de los cipreses, y la paleta agónica. ¡Oh doncella, que guardas los suspiros más graves del hombre, como guarda un llavero sus llaves: un relámpago anuncia que el instante se acerca en que tiñas de ti las aguas de mi alberca, y a tu paso, fosfórica e inviolable mujer, mi corazón se abre, pronto a reverdecer! Y bajo la impostura virginal de la noche que cobija al amor con un tenue derroche de luceros, un mito saludable me afianza y alabo al confesor de la santa Esperanza y a la doncella verde en la misma alabanza.
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Nadie conoce mi amor secreto: no lo conoce ni quien lo inspira; y es tan humilde que a nada aspira, pues su constancia no tiene objeto. Mi amor se escuda tras mi respeto; respiro el aire que ella respira, y ella me habla y ella me mira, sin que descubra mi amor discreto. Porque, entre el coro de la alabanza que se prolonga sobre su huella, mi amor suspira sin esperanza; y tanto ignora mis sueños vanos, que si estos versos van a sus manos, tal vez pregunte: «¿Quién será ella?»
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Soneto (de félix arvers)
Y esta palabra, este papel escrito por las mil manos de una sola mano, no queda en ti, no sirve para sueños, cae a la tierra: allí se continúa. No importa que la luz o la alabanza se derramen y salgan de la copa si fueron un tenaz temblor del vino, si se tiñó tu boca de amaranto. No quiere más la sílaba tardía, lo que trae y retrae el arrecife de mis recuerdos, la irritada espuma, no quiere más sino escribir tu nombre. Y aunque lo calle mi sombrío amor más tarde lo dirá la primavera.
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Soneto xcviii
Yace en esta tierra fría, Digna de toda crianza, La vieja cuya alabanza Tantas plumas merecía. No quiso en el cielo entrar A gozar de las estrellas, Por no estar entre doncellas Que no pudiese manchar.
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A celestina