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"aguardan" poems
Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
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Si tú me olvidas
Las palabras quisieran expresar los guerreros, Bellos guerreros impasibles, Con el mañana gris abrazado, como un amante, Sin dejarles partir hacia las olas. Por la ventana abierta Muestra el destino su silencio; Sólo nubes con nubes, siempre nubes Más allá de otras nubes semejantes, Sin palabras, sin voces, Sin decir, sin saber; Últimas soledades que no aguardan mañana. Durango está vacío Al pie de tanto miedo infranqueable; Llora consigo a solas la juventud sangrienta De los guerreros bellos como luz, como espuma. Por sorpresa los muros Alguna mano dejan revolando a veces; Sus dedos entreabiertos Dicen adiós a nadie, Saben algo quizá ignorado en Durango. En Durango postrado, Con hambre, miedo, frío, Pues sus bellos guerreros sólo dieron, Raza estéril en flor, tristeza, lágrimas.
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Durango
Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, con una vara de mimbre va a Sevilla a ver los toros. Moreno de verde luna anda despacio y garboso. Sus empavonados bucles le brillan entre los ojos. A la mitad del camino cortó limones redondos, y los fue tirando al agua hasta que la puso de oro. Y a la mitad del camino, bajo las ramas de un olmo, guardia civil caminera lo llevó codo con codo.  El día se va despacio, la tarde colgada a un hombro, dando una larga torera sobre el mar y los arroyos. Las aceitunas aguardan la noche de Capricornio, y una corta brisa, ecuestre, salta los montes de plomo. Antonio Torres Heredia, hijo y nieto de Camborios, viene sin vara de mimbre entre los cinco tricornios.  Antonio, ¿quién eres tú? Si te llamaras Camborio, hubieras hecho una fuente de sangre con cinco chorros. Ni tú eres hijo de nadie, ni legítimo Camborio. ¡Se acabaron los gitanos que iban por el monte solos! Están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo.  A las nueve de la noche lo llevan al calabozo, mientras los guardias civiles beben limonada todos. Y a las nueve de la noche le cierran el calabozo, mientras el cielo reluce como la grupa de un potro.
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Prendimiento de antoñito el camborio en el camino de sevilla
Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos; y cuál mi idealista corazón te llora. Mis cálices todos aguardan abiertos tus hostias de otoño y vinos de aurora. Amor, cruz divina, riega mis desiertos con tu sangre de astros que sueña y que llora. Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos que temen y ansían tu llanto de auroral Amor, no te quíero cuando estás distante rifado en afeites de alegre bacante, o en frágil y chata facción de mujer. Amor, ven sin carne, de un Icor que asombre; y que yo, a manera de Dios, sea el hombre que ama y engendra sin sensual placer!
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Amor
Solitario recinto de la abadía; tristes patios, arcadas de recias claves, desmanteladas celdas, capilla fría de historiados altares, de sillería de roble, domo excelso y obscuras naves; solitario recinto: ¡cuántas pavesas de amores que ascendieron hasta el pináculo donde mora el Cordero, guardan tus huesas...! Heme aquí con vosotras, las abadesas de cruces pectorales y de áureo báculo... Enfermo de la vida, busco la plática con Dios, en el misterio de su santuario: tengo sed de idealismo... Legión extática, de monjas demacradas de faz hierática, decid: ¿aún vive Cristo tras el sagrario? Levantaos del polvo, llenad el coro; los breviarios aguardan en los sitiales, que vibre vuestro salmo limpio y sonoro, en tanto que el Poniente nimba de oro las testas de los santos en los vitrales... ¡Oh claustro silencioso, cuántas pavesas de amores que ascendieron hasta el pináculo donde mora el Cordero, guardan tus huesas...! Oraré mientras duermen las abadesas de cruces pectorales y de áureo báculo...
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Gótica