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"agosta" poems
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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¡oh, tú!
Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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I haven't forgotten, Don't think i will, You crept up behind me Gave me a chill I played by your rules You made me a fool Mad and powerful You're still a tool.
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May 13, 2013
May 13, 2013 at 11:41 AM UTC
Agosta