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"agoniza" poems
Silencio que naufraga en el silencio de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Silencio. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Silencio. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, el corazón de los que malhirieron. Silencio. Van derramando piernas, brazos, ojos, van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, otra vía láctea de estelares miembros. Silencio. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Silencio. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. Para vivir, con un pedazo basta: en un rincón de carne cabe un hombre. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
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El tren de los heridos
La sonrisa con que me visto hoy ha visto el mundo de maneras en el que el mundo no estaba diseñado para ser visto La sonrisa que retumba en tus labios es el ingrediente secreto para dar el paso y hacer eso Eso que nunca me atreví hacer Dejar un futuro seguro por una predicción incierta. La sonrisa con que me visto hoy no es la misma de ayer pues se ha cansado de sonreir a cambio de puñales Esta sonrisa es innata, pero ya no siente Esta sonrisa agoniza por un mundo que no escucha Es poca la salvación, pero mucha la esperanza
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Jun 1, 2014
Jun 1, 2014 at 2:57 PM UTC
Sonrisa
No hay nada más precioso Y lleno de alegría Que una baleada sencilla Su forma de sonrisa Tan perfecta que hipnotiza Y con huevo y longaniza Al rato mi estómago agoniza
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Sep 15, 2015
Sep 15, 2015 at 9:35 PM UTC
Baleadas
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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Xvii
Me habéis preguntado qué hila el crustáceo entre sus patas de oro y os respondo: El mar lo sabe. Me decís qué espera la ascidia en su campana transparente? Qué espera? Yo os digo, espera como vosotros el tiempo. Me preguntáis a quién alcanza el abrazo del alga Macrocustis? Indagadlo, indagadlo a cierta hora, en cierto mar que conozco. Sin duda me preguntaréis por el marfil maldito del narwhal, para que yo os conteste de qué modo el unicornio marino agoniza arponeado. Me preguntáis tal vez por las plumas alcionarias que tiemblan en los puros orígenes de la marea austral? Y sobre la construcción cristalina del pólipo habéis barajado, sin duda, una pregunta más, desgranándola ahora? Queréis saber la eléctrica materia de las púas del fondo? La armada estalactita que camina quebrándose? El anzuelo del pez pescador, la música extendida en la profundidad como un hilo en el agua? Yo os quiero decir que esto lo sabe el mar, que la vida en sus arcas es ancha como la arena, innumerable y pura y entre las uvas sanguinarias el tiempo ha pulido la dureza de un pétalo, la luz de la medusa y ha desgranado el ramo de sus hebras corales desde una cornucopia de nácar infinito. Yo no soy sino la red vacía que adelanta ojos humanos, muertos en aquellas tinieblas, dedos acostumbrados al triángulo, medidas de un tímido hemisferio de naranja. Anduve como vosotros escarbando la estrella interminable, y en mi red, en la noche, me desperté desnudo, única presa, pez encerrado en el viento.
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El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Carta
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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¡Oh, Señor! yo en tu Cristo busqué un esposo que me quisiera; le ofrendé mis quince años, mi **** núbil; violó mi boca, y por Él ha quedado mi faz de nácar como la cera, mostrando palideces de viejo cirio bajo mi toca. ¡Mas Satán me persigue y es muy hermoso! Viene de fuera y ofreciéndome el cáliz de la ignominia, me vuelve loca... ¡Oh, Señor!, no permitas que bese impío mi faz de cera, que muestra palideces de viejo cirio bajo mi toca... Ya en las sombras del coro cantar no puede mi voz austera los litúrgicos salmos, mi alma está estéril como una roca; mi virtud agoniza, mi fe sucumbe, Satán espera... ¡Oh, Señor!, no permitas que bese impío mi faz de cera, que muestra palidez de viejo cirio bajo mi toca!
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Antífona
Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto. Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto. Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño que reflejo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha .de caber un sueño así como en el cielo no ha cabido una estrella). Sin embargo en mis ojos una pregunta existe y hay un grito en mi boca que mi boca no grita. No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste abandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidas que escondieran estrellas rotas en sus bodegas. Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.
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Tengo miedo
-Herrero, ¿qué fabricas con fuerte y ruda mano? -Una cadena. -Al cuello siempre habrá de ir contigo. -Tú, labrador, ¿qué siembras? -Para el pan, siembro trigo. -Para ti, roja bala,  y el pan, para el tirano. -¿Cazador? -Cazo ciervos en un bosque lejano. -Te cazarán soldados de ejército enemigo. -¿Pescador? -Al remanso mi red tendiendo sigo. -Su red a ti la Muerte no ha de tender en vano. -Tú, madre, ¿a quién arrullas? -Arrullo a un inocente. -Su espada al extranjero, que a la patria esclaviza, ofrecerá, mal hijo, y ayudará a vejarla. -¡Poeta! Y tú, ¿qué haces? -Marco con hierro ardiente a la cobarde raza que, al ver cómo agoniza la libertad, no tiene valor para vengarla.
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De los "sonetos acorazados"
El agua del viejo canal, en la yerma Orilla del puerto, parece agua enferma. Es agua grisosa, de día octubreño, Y va sin rumores en lánguido sueño. Muy pálido el cielo semeja ceniza, Y en cerros y valle la luz agoniza. El puerto, en silencio. La vela plegada, Ha tiempo una barca reposa amarrada. El viento en el muelle se queja. Esqueletos Dolientes semejan los troncos escuetos; Y el gris del silencio que cubre la calma Del campo, la tarde prolonga en el alma, Un gris cual sonido de doble lejano, Un gris, como ensueño de frente en la mano. ¡Tristeza de días sin luz, otoñales, Tristeza de largos y fríos canales! ¡Tristeza en la sombra, callada y desierta, Del agua en otoño, como agua ya muerta!
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Agua dormida
Viajo como los nómadas pero con una diferencia carezco totalmente de vocación viajera sé que el mundo es espléndido y brutal viajo como las naves migratorias pero con una diferencia nunca puedo arrancarme del invierno sé que el mundo es benévolo y feroz viajo como las dóciles cometas pero con una diferencia nunca llego a encontrarme con el cielo sé que el mundo es eterno y agoniza
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Viajo