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"aceras" poems
Transeúnte No vale la pena lo que veo. Las vitrinas las mujeres de pintadas cabelleras los objetos del deseo sus perfumes se alían con el humo del progreso. Aromas de cloaca en las esquinas. Y tus pasos pasajero condenado a transitar estas aceras. Tú te has vuelto a su medida. Transeúnte yo diría que eres uno con ellas. El reloj da la hora incorrecta. Da la hora al transeúnte que bien sabe adonde va aunque ignora para qué él que nace en el engaño él que insiste circulando en la mentira una vez en la grande y después en la pequeña y repetida. Este rostro sin alma ¿sabe acaso a quién sirve? esa boca sin verbo ¿sabe acaso quien la mueve? ¿Transeúnte no lo sabes? ¿Has notado transeúnte tus cadenas? ¿Has oído de la cumbre? ¿Has oído del abismo? ¿Has oído de la fuente del agua de la vida? ¿No la tienes al alcance de la mano? Ya lo sé: la ciudad te ha hecho así la ciudad que eres tú y que soy yo. Aprendiste y la ciudad está contenta. Eres tú lo que aprendiste. ¿Ya no sientes transeúnte tus cadenas? Porque sabes pasajero la vida y la ciudad son más extrañas mucho más de lo que piensas en su caso más llenas de encanto pero también más terribles. ¿No te sientes solitario? Transeúnte ¿me estás escuchando? ¿No te sientes extranjero? Ciudadano si yo te dijera que muy bajo las aceras cubierta por siete cortezas las más duras las más densas allí aguarda la perla en el núcleo de tu alma en el centro de la tierra. Pero dime transeúnte si me entiendes: yo quisiera proponerte hacer un cielo un cielo hacer de estas calles hacer hombres de las bestias de nosotros ciudadanos hacer buscadores de la perla. Yo quisiera hacerte un cielo con mucho silencio a lo más con música de Händel de Vivaldi de Bach o de Corelli. Un cielo sin tanta agitación con calles lavadas por una sonrisa que nunca se aleja. ¿Te entusiasma transeúnte? ¿Hacer oro de la piedra te entusiasma y del círculo un cuadrado y del agua del Mapocho agua de la vida? Nos veríamos cambiados nuestros pasos sanarían las aceras. ¿Un cielo te parece inalcanzable? Un cielo parecido al paraíso. ¿Transeúnte ciudadano pasajero transeúnte te entusiasma mi proyecto?
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Dec 6, 2011
Dec 6, 2011 at 6:03 PM UTC
Transeúnte (XII)
Transeúnte No vale la pena lo que veo. Las vitrinas las mujeres de pintadas cabelleras los objetos del deseo sus perfumes se alían con el humo del progreso. Aromas de cloaca en las esquinas. Y tus pasos pasajero condenado a transitar estas aceras. Tú te has vuelto a su medida. Transeúnte yo diría que eres uno con ellas. El reloj da la hora incorrecta. Da la hora al transeúnte que bien sabe adonde va aunque ignora para qué él que nace en el engaño él que insiste circulando en la mentira una vez en la grande y después en la pequeña y repetida. Este rostro sin alma ¿sabe acaso a quién sirve? esa boca sin verbo ¿sabe acaso quien la mueve? ¿Transeúnte no lo sabes? ¿Has notado transeúnte tus cadenas? ¿Has oído de la cumbre? ¿Has oído del abismo? ¿Has oído de la fuente del agua de la vida? ¿No la tienes al alcance de la mano? Ya lo sé: la ciudad te ha hecho así la ciudad que eres tú y que soy yo. Aprendiste y la ciudad está contenta. Eres tú lo que aprendiste. ¿Ya no sientes transeúnte tus cadenas? Porque sabes pasajero la vida y la ciudad son más extrañas mucho más de lo que piensas en su caso más llenas de encanto pero también más terribles. ¿No te sientes solitario? Transeúnte ¿me estás escuchando? ¿No te sientes extranjero? Ciudadano si yo te dijera que muy bajo las aceras cubierta por siete cortezas las más duras las más densas allí aguarda la perla en el núcleo de tu alma en el centro de la tierra. Pero dime transeúnte si me entiendes: yo quisiera proponerte hacer un cielo un cielo hacer de estas calles hacer hombres de las bestias de nosotros ciudadanos hacer buscadores de la perla. Yo quisiera hacerte un cielo con mucho silencio a lo más con música de Händel de Vivaldi de Bach o de Corelli. Un cielo sin tanta agitación con calles lavadas por una sonrisa que nunca se aleja. ¿Te entusiasma transeúnte? ¿Hacer oro de la piedra te entusiasma y del círculo un cuadrado y del agua del Mapocho agua de la vida? Nos veríamos cambiados nuestros pasos sanarían las aceras. ¿Un cielo te parece inalcanzable? Un cielo parecido al paraíso. ¿Transeúnte ciudadano pasajero transeúnte te entusiasma mi proyecto?
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Subes centelleante de labios y ojeras! Por tus venas subo, como un can herido que busca el refugio de blandas aceras. Amor, en el mundo tú eres un pecado! Mi beso es la ***** chispeante del cuerno del diablo; mi beso que es credo sagrado! Espíritu es el horópter que pasa puro en su blasfemia! El corazón que engendra al cerebro que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste. Platónico estambre que existe en el cáliz donde tu alma existe! Algún penitente silencio siniestro? Tú acaso lo escuchas? Inocente flor! ...Y saber que donde no hay un Padrenuestro, el Amor es un Cristo pecador!
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Amor prohibido
Tegucigalpa, orquídea marchita, de suelos polutos por plata y sangre, cosecha de sueños abortados y maltrechos, irrigados por los cauces desbordantes de ríos negros. Tegucigalpa, ciudad de esquinas opuestas y avenidas perforadas por el tiempo. Urbe de aceras estrechas y de violencia que deambula. Tegucigalpa, narcisista sedentaria, que cada día se enamora ante el espejo de su cielo, que cada noche duerme en una cuna de cerros. Tegucigalpa escandalosa y bulliciosa, de estruendos que arrullan y susurros que matan. Tegucigalpa, te veo y una tristeza me asalta, entre tus calles coagula un caudal escarlata. Tegucigalpa, te sueño y el corazón me resalta, ante el recuerdo perdido de tu pasado esmeralda.
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Aug 10, 2022
Aug 10, 2022 at 3:07 AM UTC
Tegucigalpa
Domingo, flor de luz, casi increíble día. Bajas sobre la tierra como un ángel inútil y dorado. Besas a las muchachas de turbia cabellera, vistes de azul marino a los hombres que te aman, y dejas en las manos del niño un aro de madera o una simple esperanza. Repartes golondrinas, globos de primavera, te subes a las torres y giras las veletas oxidadas. Tu viento agita faldas de colores, estremece banderas, lleva lejos canciones y sonrisas, llena las estancias de polvo plateado. Los árboles esperan tu llegada para cubrirse de gorriones. Sabe más fresca el agua de las fuentes. Las campanas dispersan palomas imprevistas que vuelan de otro modo. No hay nadie que no sepa que es domingo, domingo. Tu presencia de espuma lava, eleva, hace flotar las cosas y los seres en un nítido cielo que no era -el lunes- de verdad: apenas desteñido papel, vidrio olvidado, polvo tedioso sobre las aceras.
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Domingo
En el campanario retumban las campanas, las mujeres ya salen de la misa. Las gaviotas silvan por toda la ciudad, levantando la vista puedes ver su volar. Las bombas besaron el pueblo y el fuego; todo el fuego, abrazó a su gente, pero a ella, le arropó la tristeza. Vistió durante siete semanas el ***** siendo vista por las aceras. Fue el domingo a recoger margaritas al campo El viento mueve los trigos las luces de las ventanas de todas las ventanas Veo la oscuridad de sus casas. Las estrellas en la montaña dan fogonazos de colores violentos y los animales muerden si te acercas Dios le ha traicionado y por eso ya no reza Sangre roja y azul que corre por una pared blanca Y en la panadería ya no se habla solo suena una vieja guitarra en cada esquina, en cada cuneta Los olivos quemados de las ramas a la madera, las naranjas reposando en el suelo la pasearon por todo el pueblo para que de su pecado se arrepintiera Las mantillas y las lagrimas de aquel día santo de entre los escombros; su hermano le llamó y él no respondió, toda la mañana de aquel día santo intentó despertarlo. Ya ha llegado la primavera. La virgen sostiene un libro Alyssa y Thalia, dos ángeles preciosos escuchan la historia con atención, frutos de Dios, en cambio yo... La serpiente está dentro de la copa bebiendo de su vino embriagándose con sus palabras pasando cuatro lunas la vida que crecía, un baso lleno de lejía abrasando su esófago, el engaño y un cuadro pintado. Despierta el pueblo. La noche y el día. El cielo y el mar. Las plantas, la poesía. La luna, el Sol y las estrellas. Las aves en el cielo y los peces en el océano. Los animales y al hombre. El hombre y la poesía. Y el descenso.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:39 PM UTC
14. El Pueblo (Primavera)
En el campanario retumban las campanas, las mujeres ya salen de la misa. Las gaviotas silvan por toda la ciudad, levantando la vista puedes ver su volar. Las bombas besaron el pueblo y el fuego; todo el fuego, abrazó a su gente, pero a ella, le arropó la tristeza. Vistió durante siete semanas el ***** siendo vista por las aceras. Fue el domingo a recoger margaritas al campo El viento mueve los trigos las luces de las ventanas de todas las ventanas Veo la oscuridad de sus casas. Las estrellas en la montaña dan fogonazos de colores violentos y los animales muerden si te acercas Dios le ha traicionado y por eso ya no reza Sangre roja y azul que corre por una pared blanca Y en la panadería ya no se habla solo suena una vieja guitarra en cada esquina, en cada cuneta Los olivos quemados de las ramas a la madera, las naranjas reposando en el suelo la pasearon por todo el pueblo para que de su pecado se arrepintiera Las mantillas y las lagrimas de aquel día santo de entre los escombros; su hermano le llamó y él no respondió, toda la mañana de aquel día santo intentó despertarlo. Ya ha llegado la primavera. La virgen sostiene un libro Alyssa y Thalia, dos ángeles preciosos escuchan la historia con atención, frutos de Dios, en cambio yo... La serpiente está dentro de la copa bebiendo de su vino embriagándose con sus palabras pasando cuatro lunas la vida que crecía, un baso lleno de lejía abrasando su esófago, el engaño y un cuadro pintado. Despierta el pueblo. La noche y el día. El cielo y el mar. Las plantas, la poesía. La luna, el Sol y las estrellas. Las aves en el cielo y los peces en el océano. Los animales y al hombre. El hombre y la poesía. Y el descenso.
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Estoy solo en la oscura estación de metro de Fulton Street, Respirando el aire con olor a orina, Exhalando nubes de vapor, Un tren subterráneo se precipita a lo largo del anden, No se detiene, Muerde mis tímpanos, Con la percusión dolorosa, De miles de personas, Gritando en silencio, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El aire avivado por cada vagón de metro, Me empuja, Propulsa el ozono y el olor de frenos quemados, En mis fosas nasales, Junto con el aire, Introducido a través de las rejillas de hierro, A lo largo de kilómetros de las aceras de Brooklyn, Llevando el olor de las llagas supurantes de una prostituta, Y los gritos de un niño hambriento, sin padre en pañales sucios, Y el gemido ronco de un concejal de la ciudad educando a un paje joven, Y el perfume barato de una niña de catorce años de edad fugitiva, Vendiendo su cuerpo por $20 en un callejón, Oliendo de comida china rancia y perros humedos, Y . . . Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, . . . el olor de la sopa de repollo podrida, Y los restos rancios de un perrito caliente enterrado en chucrut, Y lirios putrefactos acostados en una alcantarilla, Todos agrediéndome, obligándome hacia atrás, Hasta que mi espalda presiona contra, Las una vez blancas baldosas sucias, que queman fríamente sus grafitis en mi columna vertebral: Dios está muerto, Asa a un judío, Los blancos chupan, Mata a los negros, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El tren finalmente pasa, Sus ojos rojos retrocediendo en el túnel, Húmedo y oscuro más allá de la plataforma, Los gritos y chillidos lentamente mueren, Sus ecos aspirando detrás de ellos, El olor, De mi, Vomito, Caliente.
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Nov 28, 2019
Nov 28, 2019 at 1:18 AM UTC
El Tren Subterráneo
Estoy solo en la oscura estación de metro de Fulton Street, Respirando el aire con olor a orina, Exhalando nubes de vapor, Un tren subterráneo se precipita a lo largo del anden, No se detiene, Muerde mis tímpanos, Con la percusión dolorosa, De miles de personas, Gritando en silencio, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El aire avivado por cada vagón de metro, Me empuja, Propulsa el ozono y el olor de frenos quemados, En mis fosas nasales, Junto con el aire, Introducido a través de las rejillas de hierro, A lo largo de kilómetros de las aceras de Brooklyn, Llevando el olor de las llagas supurantes de una prostituta, Y los gritos de un niño hambriento, sin padre en pañales sucios, Y el gemido ronco de un concejal de la ciudad educando a un paje joven, Y el perfume barato de una niña de catorce años de edad fugitiva, Vendiendo su cuerpo por $20 en un callejón, Oliendo de comida china rancia y perros humedos, Y . . . Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, . . . el olor de la sopa de repollo podrida, Y los restos rancios de un perrito caliente enterrado en chucrut, Y lirios putrefactos acostados en una alcantarilla, Todos agrediéndome, obligándome hacia atrás, Hasta que mi espalda presiona contra, Las una vez blancas baldosas sucias, que queman fríamente sus grafitis en mi columna vertebral: Dios está muerto, Asa a un judío, Los blancos chupan, Mata a los negros, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El tren finalmente pasa, Sus ojos rojos retrocediendo en el túnel, Húmedo y oscuro más allá de la plataforma, Los gritos y chillidos lentamente mueren, Sus ecos aspirando detrás de ellos, El olor, De mi, Vomito, Caliente.
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Amo esta calle, y amo sus tristes casas en las que se entristecen cumpleaños y bodas, porque esta calle triste, se alegra cuando pasas tú, mujer preferida entre todas. Amo esta calle acaso porque en ella subsiste no sé qué somnolencia de arrabal provinciano. Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste me parece más triste cuando te espero en vano. Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella con sus fachadas sucias y sus portales viejos. Pero sé que es distinta cuando pasas por ella y te miro pasar... desde lejos. Por eso amo esta calle de soledad y hastío que ensancha sus aceras para alejar las casas. Mientras te espera en vano mi corazón vacío, ¡que es una calle triste por donde nunca pasas!
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Poema de una calle