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"acaricia" poems
En el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne. Y en las ollas chilenas, en la costa, nació el caldillo grávido y suculento, provechoso. Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada cede como un guante y al descubierto queda entonces el racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo, preparado para nuestro apetito. Ahora recoges ajos, acaricia primero ese marfil precioso, huele su fragancia iracunda, entonces deja el ajo picado caer con la cebolla y el tomate hasta que la cebolla tenga color de oro. Mientras tanto se cuecen con el vapor los regios camarones marinos y cuando ya llegaron a su punto, cuando cuajó el sabor en una salsa formada por el jugo del océano y por el agua clara que desprendió la luz de la cebolla, entonces que entre el congrio y se sumerja en gloria, que en la olla se aceite, se contraiga y se impregne. Ya sólo es necesario dejar en el manjar caer la crema como una rosa espesa, y al fuego lentamente entregar el tesoro hasta que en el caldillo se calienten las esencias de Chile, y a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tú conozcas el cielo.
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Oda al caldillo de congrio
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Caballero sólo
Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna. El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos. El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo. Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Es difícil estar lejos de ti y quererte como lo hago, me cuesta pensar en un tiempo en el que estaremos juntos y todo estará bien, no parece lejano, simplemente parece imposible. Me gusta pensar que tu también pierdes el sueño pensando en mis ojos y en la manera en la que mis labios pronuncian tu nombre, al menos eso es lo que yo hago. Paso mis noches pensando en la manera en la que tu lengua acaricia cada letra de mi nombre. Me gustaría creer que nuestro tiempo llegará, pero tu estas tan lejos y cuando no estás, todo es obscuro e incierto. No puedo pedirte que te quedes a mi lado, se que lo harías, pero yo no puedo detener al destino, el tiempo sigue su rumbo y tu y yo estamos parados en medio de un mundo en movimiento, así que solo pronuncia mi nombre una vez y márchate, besa mis labios con la promesa de que el tiempo marcará nuestro camino y tal vez, la vida se apiade de nosotros y cruce nuestros caminos una vez, sólo una más.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 4:17 PM UTC
Una vez
Irías, y verías Todo igual, cambiado todo, Así como tú eres El mismo y el otro. ¿Un río A cada instante No es él y diferente? Irías, en apariencia Distraído y aburrido En secreto, mirando, Pues el mirar es sólo La forma en que persiste El antiguo deseo. Mirando, estimarías (La mirada acaricia Fijándose o desdeña Apartándose) irreparable todo Ya, y perdido, o ganado Acaso, quién lo sabe. Así, con paso indiferente, Como llevado de una mano, Llegarías al mundo Que fue tuyo otro tiempo, Y allí le encontrarías, Al tú de ayer, que es otro hoy. Impotente, extasiado Y solo, como un árbol, Le verías, el futuro Soñando, sin presente, A espera del amigo, Cuando el amigo es él y en él le espera. Al verle, tú querrías Irte, ajeno entonces, Sin nada que decirle, Pensando que la vida Era una burla delicada, Y que debe ignorarlo el mozo hoy.
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Viendo volver
Él, de cabellera nevada, ojos tierra, piel arena clara acentuada por los surcos que definen sus primaveras y de postura erguida. Pasa sus días en la rural, sintiendo la refrescante brisa que acaricia cada robusta extremidad. En la inspección diaria de sus yagrumos, su mente relata la aparición de sus hijos, verlos crecer y cómo tomaron caminos apartes. Las visitas se tornaron trimestrales y en ocaciones más tardías. Añora esos momentos en los que podía escuchar sus hermosas risas mientras jugaban con el nuevo artefacto que les compró después de tantas horas de jornada con su cuerpo cubierto en sudor. A la vez, en el intento de no quebrantarse por las frecuentes ausencias, se preocupa por mantener su hogar intacto y la alacena llena, mientras su esposa está en estado vegetal. Toma asiento en ese viejo colchón, enciende la tele en lo que la claridad afecta su opaca visión. Distraído, observa el hipódromo, apostando por el mejor jinete, como de costumbre. Al evento culminar, se percata que otro anochecer había transcurrido, que todo seguía igual. Al final del día era solo él,   con la misma rutina,  la misma soledad.
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Apr 19, 2015
Apr 19, 2015 at 9:57 PM UTC
Rutina
-El tronco estaba ardiendo cuando se fue la lluvia. El rayo lo venció y se introdujo en él. Ahora es un rayo manso. Lo tendremos aquí y le daremos de comer hojas y yerbas. Me gusta el fuego. Acércale tu mano poco a poco, te acaricia o te quema, puedes saber hasta dónde llega su amistad. -A mí me gusta porque es rojo y azul  y amarillo, y se mueve en el aire y no tiene forma, y cuando quiere dormir se esconde en la ceniza y vigila con ojitos rojos dentro dentro. ¡Qué simpático! Luego se alza y empieza a buscar, si haya cerca una rama la devora. ¡Me gusta, me gusta! ¡Le cuidaré, no estorba, es tan humilde! -Es orgulloso, pero es bueno. ¿Que té pasa? Te has quedado... -Nada. -Tienes los ojos abiertos y estás dormida. ¿Me oyes? También se ha metido en ti. Lo veo en el fondo de tus ojos, como una culebra, enamorándote. Te quedas quieta mientras él te recorre ávidamente. Giras en torno al fuego sin moverte. Fuego lento, preciso, árbol continuo, nos atraen tus hojas instantáneas, tu tronco permanente. Déjanos estar junto a ti, junto a tu amor hambriento. Creces aniquilando, medida de la destrucción, estatura hacia dentro, duración hacia atrás, tiempo invertido, muerte muriendo, nacimiento. Déjanos estar en tus párpados incesantes, investigar contigo lo que buscas, luz en fuga perpetua, en ti, como tú misma, en nosotros.
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Adán y eva vi
Cientos de estrellas contamos juntos cuando era niña y jamas imagine que un dia te buscaria en cada una de ellas Tu ausencia hoy me acaricia como la brisa de aquellas noches en las que llena de historias me dormia junto a ti Tus memorias son aventuras que se vuelven mi refugio Tus dulces palabras, la unica melodia que me hace sentir bien Se que el tiempo jamas podra curar el dolor de tu partida Pero se que tu sonrisa me dara las fuerzas para continuar Donde estes, te extraño, te pienso, te amo Papa.
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Jan 16, 2019
Jan 16, 2019 at 1:18 PM UTC
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Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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Balada del soldado john smith
Iban diez mil soldados bajo la lluvia y el cielo gris; diez mil rostros amargos bajo el casco de acero, marchando por el lodo sin fin. Uno solo, entre tantos, sonreía: era el soldado John Smith. Cuatro semanas antes, en el momento de partir, diez mil madres lloraban. Una sola sonreía, feliz. Una sola. ¿Sabéis quién era? -La madre del soldado John Smith. En su granja de Ohio, cuando la feria del maíz, una gitana de ojos remotos y brusco perfil, contempló largamente la mano de John Smith. -«Generales y emperadores se descubrirán ante ti… Veo un desfile de estandartes y un monumento en el confín… Hallarás la gloria en la guerra, John Smith». Bajo la lluvia y el cielo gris, marchan hacia la muerte diez mil hombres que no quieren morir. Sólo sonríe uno, alto, flaco, pecoso: se llama John Smith. Sólo una, entre diez mil manos, acaricia el fusil. Quisieran decir que no, diez mil bocas. Sólo una dice que sí. Son la mano y la boca del soldado John Smith. Y cuando un oficial desenfunda su sable y un hombrecillo sopla un clarín, el primero en calar la bayoneta y disponerse a combatir, el primero de todos, es el soldado John Smith. Y allá va, chapoteando en el fango, con un heroico frenesí. Se siente capaz de algo grande y seguro de no morir. Es el que siempre va delante: es… John Smith! Ya han muerto Jack, y **** y Denny. Y otros cien más. Y luego, mil. Pero él recuerda a la gitana, cuando la feria del maíz: «Hallarás la gloria en la guerra, John Smith!». Sí: es el único que sonríe… Pero deja de sonreír. Un asombro agranda sus ojos y su mano suelta el fusil. Con un hueco ***** en la frente, cae el soldado John Smith. Junto al viejo molino, de ruidosas aspas de zinc, en la abandonada trinchera que parece una cicatriz, se oye un ruido de palas y alguien dice: «Cavad aquí…» Hermoso sol, clara mañana de abril. Ya se van viendo los cadáveres de los que no querían morir. -Hay uno, con un hueco en la frente, junto a un oxidado fusil. Y es colocado en un suntuoso ataúd de marfil, y conducido solemnemente por los bulevares de París, y depositado en un monumento de mármol rosa y piedra gris. Generales y emperadores se descubren al pasar por allí, y resuenan las botas de los regimientos entre intermitentes toques de clarín: ¡en la tumba del Soldado Desconocido, reposa para siempre John Smith!
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Liliana, ¿está mal que esté celoso del vaso que toca tus labios lucios? o el sol de la mañana que acaricia tu suave piel? ¿es incorrecto que soy celoso del viento de la tarde que suavemente mueve su pelo sedoso? Y la música que penitrates tu alma? Es malo que estoy celoso del espejo que ve y refleja tus ojos como la luz de la luna sobre un mar en calma? ¿está mal que esté celoso de la ropa que abraza tu cuerpo como me gusta hacer? O la música que llena tu alma con pasión? ¿es incorrecto que soy celoso del gatito que le hace sonreír? ¿y la almohada que acuna suavemente tu cabeza mientras sueñas? ¿está mal que estoy celoso de aquellos que pueden escuchar la música encantadora que es su voz? ¿o aquellos que pueden ver la forma en que camina con elegancia como una princesa en una película? ¿es incorrecto que en su ausencia parezco a un barco sin un timón? ¿o que te echo tanto de menos es como un dolor físico? Si todos estos sentimientos están equivocados nunca voy a ser correcto, porque las palabras en este poema nunca puede ser suficiente para decirte cuánto te amo.
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Aug 26, 2017
Aug 26, 2017 at 4:17 PM UTC
To my wife Liliana
"eres tentaciones en un mundo de limitaciones, has convertido mi calma en mi mas terrible anhelo,   en tan solo pestañear te veo sobre mi cuerpo, al dormir veo comos tu manos acaricia mi cabello y rosan mis senos, sobrellenaste las ansias en mi, y ahora, no sabre como derramarla en ti."
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Jan 9, 2015
Jan 9, 2015 at 3:23 PM UTC
Terrible tentación
Fatigada del baile, encendido el color, breve el aliento,   apoyada en mi brazo, del salón se detuvo en un extremo.   Entre la leve gasa que levantaba el palpitante seno,   una flor se mecía en compasado y dulce movimiento.   Como en cuna de nácar que empuja el mar y que acaricia el céfiro,   tal vez allí dormía al soplo de sus labios entreabiertos.   ¡Oh, quién así -pensaba- dejar pudiera deslizarse el tiempo! ¡Oh, si las flores duermen,   qué dulcísimo sueño!
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Rima xviii
Cómo era el instante, dígalo la musa que las dichas trae, que las penas lleva: la tristeza pasa, velada y confusa; la alegría, rosas y azahares nieva. Era en un amable nido de soltero, de risas y versos, de placer sonoro; era un inspirado cada caballero, de sueños azules y vino de oro. Un rubio decía frases sentenciosas: negando y amando las musas eternas un bruno decía versos como rosas, dos sonantes rimas y palabras tiernas. Los tapices rojos, de doradas listas, cubrían panoplias de pinturas y armas, que hablaban de bellas pasadas conquistas, amantes coloquios y dulces alarmas. El verso de fuego de D'Annunzio era como un son divino que en las saturnales guiara las manchadas pieles de pantera a fiestas soberbias y amores triunfales. E iban con manchadas pieles de pantera, con tirsos de flores y copas paganas las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. Venus, la celeste reina que adivina en las almas vivas alegrías francas, y que les confía, por gracia divina, sus abejas de oro, sus palomas blancas. Y aquellos amantes de la eterna Dea, a la dulce música de la regia rima oyen el mensaje de la vasta Idea por el compañero que recita y mima. Y sobre sus frentes, que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, y llevan gozosos, sátiro y centauro, la alegría noble del vino de oro.
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Garconnière
*Mientras la ciudad duerme tu escuchas en la obscuridad, respirando realidad. El aire acaricia tu cara y el frío en la espalda te da claridad. Quieres detener el tiempo, hacer todo correcto, esta noche el presente es eterno porque sabes que no habrá un segundo intento   quieres compartir sus alegrías y decirle buenos días, cada mañana, toda su vida. Es de noche y no dejas de pensar en las mañanas que se han perdido y las tardes que podrían haber sido. Los besos que no se han dicho y la palabras que no se han sentido. El miedo se ha ido y también el ruido, y en unas horas la noche también lo hará, llevándose la claridad. Y yo seguiré despierta intentando no dejarte escapar una vez más.*
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Dec 19, 2016
Dec 19, 2016 at 4:31 AM UTC
Insomnio
Recostado na areia Oiço notas de uma composição musical O mar agreste acaricia as rochas . . . nuas de sentimento A gaivota plana no tempo Tempo de outrora Silencio moribundo numa noite de . . . E se o mar chorasse?
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Mar 24, 2014
Mar 24, 2014 at 6:14 PM UTC
mar
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Un criminal
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla? Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido? Fui templario, ¿do está mi recia malla? ¿En qué campo sangriento de batalla me dejaron así, triste y vencido? ¡Oh, Progreso, eres luz! ¿Por qué no llena su fulgor mi conciencia? Tengo miedo a la duda terrible que envenena, y me miras rodar sobre la arena ¡y, cual hosca vestal, bajas el dedo! ¡Oh!, siglo decadente, que te jactas de poseer la verdad, tú que haces gala de que con Dios, y con la muerte pactas, devuélveme mi fe, yo soy un Chactas que acaricia el cadáver de su Atala... Amaba y me decías: «analiza», y murió mi pasión; luchaba fiero con Jesús por coraza, triza a triza, el filo penetrante de tu acero. ¡Tengo sed de saber y no me enseñas; tengo sed de avanzar y no me ayudas; tengo sed de creer y me despeñas en el mar de teorías en que sueñas hallar las soluciones de tus dudas! Y caigo, bien lo ves, y ya no puedo batallar sin amor, sin fe serena que ilumine mi ruta, y tengo miedo... ¡Acógeme, por Dios! Levanta el dedo, vestal, ¡que no me maten en la arena!
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Incoherencias
Me gusta cuando el sol acaricia tus pestañas y estas hacen sombra en tus cachetes, dandome la mas hermosa obra de arte existente. Es divertida la comparación; tu amor me acarició el alma y, sin hacer sombra, me curó el corazón.
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Apr 4, 2019
Apr 4, 2019 at 1:57 AM UTC
Siesta
Junto al ***** palacio del rey de la isla de Hierro -(¡Oh, cruel, horrible, destierro!)- ¿Cómo es que tú, hermana armoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oíste a un pájaro divino y tornasol   en el país del sol? En el jardín del rey de la isla de Oro -(¡oh, mi ensueño que adoro!)- fuera mejor que tú, armoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que nacistes donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol,   en el país del sol! O en el alcázar de la reina de la isla de Plata -(Schubert, solloza la Serenata...)- pudieras también, hermana armoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen, dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol,   en el país del sol! Vuelve, pues a tu barca, que tiene lista la vela -(resuena, lira, Céfiro, vuela)- y parte, armoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio y azul parasol,   en el país del sol!
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El país del sol
Allá en el fondo de mi biblioteca, el sol de última hora, que confunde mis colores en luz clara y divina, acaricia mis libros, dulcemente. ¡Qué clara compañía la suya; cómo agranda la estancia, y la convierte, llena, en valle, en cielo -¡Andalucía!-, en infancia, en amor! Igual que un niño, como un perro, anda de libro en libro, haciendo lo que quiere... Cuando, de pronto, yo lo miro, se para, y me contempla largamente, con música divina, con ladrido amistoso, con fresco balbuceo... Luego, se va apagando... La luz divina y pura es color otra vez, y solo, y mío. Y lo que siento oscuro es mi alma, igual que si se hubiera quedado nuevamente sin su valle y su cielo -¡Andalucía!-, sin su infancia y su amor...
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And in your eyes y find Miself, in your female hands I am Defrosting in Your arms, mi Defensive coldness, the rigth way In your eyes in find miself In your females hands Mi cold is lost loving your warmth And a sensual scent caress me all day, and the music in your female chest, complete, a Lioness And in your eyes i find miself, in Your female hands The smell of your body, is mi beautiful dawn, in the cold nigth on mi soul Dark echoes of pain, and betrayal Defrosting between your arms, by kissing your skin And in your eyes i found miself, In your female hands, And Your thighs, mi truth, My eden, the scent of your body Is my beautiful dawn Works better on spanish Y en tus ojos me halle, entre tus manos de mujer, me deshielo entre tus brazos Y en tus ojos me halle, Entre tus manos de mujer Y mi frialdad se esfuma, adorando Tus petalos, besando tu calides El frio de mi pecho, se entibia por ti, Y tu esencia me acaricia todo el dia Y la musica en tu pecho de mujer completa, dice algo sobre mi Y en tus ojos me halle, entre tus manos de mujer El aroma de tu cuerpo es mi bello amanecer, en la noche fria de mi ser Y en tus muslos, mi verdad y el eden Y el aroma de tu cuerpo es mi bello amanecer.
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Apr 26, 2018
Apr 26, 2018 at 5:48 PM UTC
Litle beats
La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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Dec 27, 2020
Dec 27, 2020 at 7:33 AM UTC
La Pantera
La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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El mar, espejo de calma y anhelo, canta en la orilla su dulce canción, un vaivén que envuelve en su vuelo, un latido que despierta la pasión. De pronto, un viento quiebra el sosiego, las olas se alzan, el cielo se enciende, la marea, en su ímpetu, despliega su juego, y el alma se entrega, se rinde y sorprende. El corazón, que dormía en calma, late con fuerza, se enciende en su fuego, el amor, en su danza, sacude y embalsama, y cada estruendo se siente más tierno. Pero tras la tormenta y la emoción, regresa el murmullo, la espuma se entrega, la luna, cómplice de la devoción, acaricia al mar, que en amor se sosiega. Así es el alma, de amor encendida, de paz a tormenta, de deseo a fervor, y en cada ola, perdida y rendida, renace más fuerte, bañada en amor.
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Nov 11, 2024
Nov 11, 2024 at 12:16 AM UTC
Marea de emociones.
Aquí estás en la sombra, con tu mano en la mía, respirando en un tiempo sin antes ni después. Ya ves que, aunque te fuiste, no te vas todavía, y estas aquí, conmigo no importa donde estés. Desnuda en esta sombra te palpará mi mano, lenta mano de ciego que acaricia una flor, y sabré de repente donde empieza el verano, yo, que solo he sabido donde acaba el amor. Aquí estas en la sombra, conmigo todavía, compartiendo este lecho calidamente aquí, Detenida en la noche, y donde nunca es de día, detenida en la noche y amaneciendo en mí. Y ahora soy como el surco donde madura el trigo, como la flor que nace donde pisan tus pies, porque, aunque nunca vuelvas, siempre estarás conmigo, conmigo en esta sombra sin antes ni después.
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Canción contigo
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:41 PM UTC
16. Vino Rosado (Poema adicional de “El Castillo”)
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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