"abunda" poems
El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
-no fue por estos campos el bíblico jardín-:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
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Cuando se me va el sueño
Busco sabiduría del cielo
Para mostrarme el camino
Hacia este mundo venidero
Está vida no es fácil
Hay tanta prueba bien difícil
La alegría constante es muy frágil
Y la armonía en el alma no se puede ver con el cristal
La vida se pinta según la mano del pintor
Un papel puesto sobre el caballete
Hay momentos de resplandor
Hay momentos de no encontrar soledad ni paz resplandeciente
Hay tanta tristeza en mi corazón,
Que siempre abunda, sin ningún querer
Porque no encuentro mi verdadera razón
Busco y busco por la mano del Señor
Para que me ayuda a pintar
Esta escena que a veces está borrosa para discernir
Hay tanta falta de paz y alegría
Pero cuando la encuentro, mi semblante y alma sonríe
Tal vez sí he encontrado la solución de mi soledad
Porque está solución se encuentra en la comunidad
La sonrisa de una amiga o de un amigo,
Un chiste o simplemente un buen comentario
Me hace sentir más tranquilo
Mi paz y felicidad es eterno
Al fin quebranta mi alma en alabanzas al Señor sempiterno
¡Que tan grande eres!
¡Que tan grande eres!
Sí, encontré mi razón para estar aquí en este mundo
No ando completamente solo!
Mi razón al caminar en este mundo
Sí, mi propósito y mayor requisito
Es de tenerte siempre, mi querido(a) amigo(a), sí tú, aquí a mi lado.
Escrito por Jason Cheney en Febrero 2020
Apr 4, 2021
Apr 4, 2021 at 5:03 AM UTC
¿Miras la faz que al orbe fue segunda
y en el metal vivió rica de honores
cómo, arrastrada, sigue los clamores,
en las maromas de la plebe inmunda?
No hay fragua que a sus miembros no los funda
en calderas, sartenes y asadores;
y aquel miedo y terror de los señores
sólo de humo en la cocina abunda.
El rostro que adoraron en Seyano,
despedazado en garfios, es testigo
de la instabilidad del precio humano.
Nadie le conoció, ni fue su amigo;
y sólo quien le infama de tirano
no acompañó el horror de su castigo.
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La intermitencia abunda,
en nuestros cuerpos fríos,
de sentimientos muertos,
de esperanzas fugaces.
Encuentro preciso de instante.
Volatil pasión exitante.
Falsa esperanza infantil
del acontecer tardío.
Encuentro preciso de amantes.
Olvidadas caricias saciantes.
Los anhelos crecientes,
en nuestras almas rotas,
de sentimientos vivos,
de esperanzas bobas.
Sep 27, 2017
Sep 27, 2017 at 11:45 PM UTC