#confecion
A veces, cuando me hablas —todo se vuelve ruido—
te llenas de esas palabras huecas
que hacen que todo en mí se rompa.
Tus palabras son tan torpes,
que me dejan un eco sucio en el pecho
y me nace un desprecio profundo.
Te escucho y me da rabia,
me da asco la forma en que el mundo
te habita sin ninguna alegría.
Eres tan vago, tan gris, tan ruinamente real,
me enferma escucharte.
Pero entonces —¡ay, Dios! —
Miro sus ojos
Y ahí me desarmo.
Dios —si existe— sabrá por qué
he caído enamorada
de un ordinario tan vago,
de un ser tan triste y tan cierto
que me duele respirar.
No lo entiendo
Y No lo quiero entender.
(o al menos eso creo)
Y, sin embargo,
ahora pienso en ti a todas horas
aunque me duela,
como quien lame una herida
para no olvidarse de sangrar
aunque me avergüence,
(Aunque no hay por qué)
aunque sigas siendo tan… tonto.
A veces creo odiarte.
A veces creo odiarme por oírte.
Pero se me cae el orgullo, el pensamiento, y
la fe en mi propia cordura.
Cuando quiero besar tu tristeza
como si eso fuera una forma de existir para mí...
Porque ahora sé que te quiero,
te amo y te adoro más que a mi.
—Carta I—
J. Felix
Oct 16, 2025
Oct 16, 2025 at 9:36 PM UTC