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Desde media noche, aquel día No terminaba de llover. ¡Qué gris y honda melancolía La de ese triste amanecer! Dos lámparas agonizantes Daban luz vaga al corredor. Leves sombras, y en los semblantes Huellas de insomnio y de dolor. Desde el patio se columbraba Oscura cerrazón sin fin. Bajo la lluvia se doblaba El jazminero en el jardín. Sobre su lecho de caoba Se agitaba, y un fuerte olor De ácido fénico en la alcoba Aumentaba nuestro dolor. Su cabello en las almohadas, Inmóvil en su reposar, Fingía dos alas plegadas En blancas espumas del mar. Cual quietos remos en la ola Sus brazos dejaba caer, Y un fulgor como de aureola Parecía en su frente arder. Entre la sombra y la tormenta, Del agua no cesaba el son... ¡Cómo el dolor la lluvia aumenta Cuando está triste el corazón! De un crucifijo se veía A su lado la triste faz, Y ante él un cirio se extinguía Con chisporroteo tenaz. En torno de ella, flor ya mustia, Última luz de una ilusión, Las almas eran honda angustia, Los labios eran oración. ¡Veintiún años!... Rosal florido Iba la muerte a deshojar... ¡Y cayendo en aguas de olvido Ya su corona de azahar! Cuando el alba, entre el aguacero, En el alto cerro brilló, Un gemido largo, el postrero, Sus labios por siempre cerró. En redor, sollozos ahogados... ¡Vino a ella la eterna paz! Sus ojos estaban cerrados, Pero ellos veían ya más.
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En la agonía
Desde media noche, aquel día No terminaba de llover. ¡Qué gris y honda melancolía La de ese triste amanecer! Dos lámparas agonizantes Daban luz vaga al corredor. Leves sombras, y en los semblantes Huellas de insomnio y de dolor. Desde el patio se columbraba Oscura cerrazón sin fin. Bajo la lluvia se doblaba El jazminero en el jardín. Sobre su lecho de caoba Se agitaba, y un fuerte olor De ácido fénico en la alcoba Aumentaba nuestro dolor. Su cabello en las almohadas, Inmóvil en su reposar, Fingía dos alas plegadas En blancas espumas del mar. Cual quietos remos en la ola Sus brazos dejaba caer, Y un fulgor como de aureola Parecía en su frente arder. Entre la sombra y la tormenta, Del agua no cesaba el son... ¡Cómo el dolor la lluvia aumenta Cuando está triste el corazón! De un crucifijo se veía A su lado la triste faz, Y ante él un cirio se extinguía Con chisporroteo tenaz. En torno de ella, flor ya mustia, Última luz de una ilusión, Las almas eran honda angustia, Los labios eran oración. ¡Veintiún años!... Rosal florido Iba la muerte a deshojar... ¡Y cayendo en aguas de olvido Ya su corona de azahar! Cuando el alba, entre el aguacero, En el alto cerro brilló, Un gemido largo, el postrero, Sus labios por siempre cerró. En redor, sollozos ahogados... ¡Vino a ella la eterna paz! Sus ojos estaban cerrados, Pero ellos veían ya más.