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Un nuevo corazón, un hombre nuevo ha menester, Señor, el Alma mía: desnúdame de mí, que ser podría que a tu piedad pagase lo que debo. Dudosos pies por ciega noche llevo, que ya he llegado a aborrecer el día, y temo que he de hallar la muerte fría envuelta en (bien que dulce) mortal Cebo. Tu imagen soy, tu hacienda propia he sido, y si no es tu interés en mí, no creo que otra cosa defiende mí partido. Haz lo que pide el verme cual me veo, no lo que pido yo: que de perdido, aún no fío mi salud a mi deseo.
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Salmo i
Un nuevo corazón, un hombre nuevo ha menester, Señor, el Alma mía: desnúdame de mí, que ser podría que a tu piedad pagase lo que debo. Dudosos pies por ciega noche llevo, que ya he llegado a aborrecer el día, y temo que he de hallar la muerte fría envuelta en (bien que dulce) mortal Cebo. Tu imagen soy, tu hacienda propia he sido, y si no es tu interés en mí, no creo que otra cosa defiende mí partido. Haz lo que pide el verme cual me veo, no lo que pido yo: que de perdido, aún no fío mi salud a mi deseo.