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Un niño muerto en la cuna La madre llorando al pie; Por la ventana se ve Llegar a ocaso la luna. En la pobre habitación Brilla escasa y tenue luz Debajo de negra cruz, Emblema de redención. La madre se desespera, Y junta, besando al niño, A lo blanco del armiño La palidez de la cera. A un tiempo se queja y ora A un tiempo duda y suspira; Le habla, lo toca, lo mira, Pronuncia su nombre y llora. A veces, «¿Por qué te vas?» Pregunta con hondo empeño, Y a veces dice: «¡Es un sueño! Ya pronto despertarás». Y mirando al niño yerto, Exclama en su desvarío: «¡Qué sosegado y que frío! ¡Si parece que está muerto!» Y con esta ilusión vana, Que encarna allí su fortuna, Parece junto a la cuna Un ángel en forma humana. Oye un coro resonar Que dulces voces derrama: «¡Son los ángeles», exclama; »Se lo vienen a llevar!» Y al ver los rojos destellos Que bajan del niño en pos, Agrega: «Te alumbra Dios El camino: ¡ve con ellos!» «Sí, Dios te llama, alma mía»... Y el rostro al del niño junta, Y se desmaya; y despunta Allá por Oriente el día. ¡Todo es luz, vida y belleza En torno de aquel dolor! ¡Y hay quien llame con amor Madre a la naturaleza!
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Amaneciendo
Un niño muerto en la cuna La madre llorando al pie; Por la ventana se ve Llegar a ocaso la luna. En la pobre habitación Brilla escasa y tenue luz Debajo de negra cruz, Emblema de redención. La madre se desespera, Y junta, besando al niño, A lo blanco del armiño La palidez de la cera. A un tiempo se queja y ora A un tiempo duda y suspira; Le habla, lo toca, lo mira, Pronuncia su nombre y llora. A veces, «¿Por qué te vas?» Pregunta con hondo empeño, Y a veces dice: «¡Es un sueño! Ya pronto despertarás». Y mirando al niño yerto, Exclama en su desvarío: «¡Qué sosegado y que frío! ¡Si parece que está muerto!» Y con esta ilusión vana, Que encarna allí su fortuna, Parece junto a la cuna Un ángel en forma humana. Oye un coro resonar Que dulces voces derrama: «¡Son los ángeles», exclama; »Se lo vienen a llevar!» Y al ver los rojos destellos Que bajan del niño en pos, Agrega: «Te alumbra Dios El camino: ¡ve con ellos!» «Sí, Dios te llama, alma mía»... Y el rostro al del niño junta, Y se desmaya; y despunta Allá por Oriente el día. ¡Todo es luz, vida y belleza En torno de aquel dolor! ¡Y hay quien llame con amor Madre a la naturaleza!