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¡Torreperogil! ¡Quién fuera una torre, torre del campo del Guadalquivir!   Sol en los montes de Baza. Mágina y su nube negra. En el Aznaitín afila su cuchillo la tormenta.   En Garciez hay más sed que agua; en Jimena, más agua que sed ¡Qué bien los nombres ponía quien Puso Sierra Morena a esta serranía!   En Alicún se cantaba: «Si la luna sale, mejor entre los olivos que en los espartales».   Y en la Sierra de Quesada; «Vivo en pecado mortal: no te debiera querer; por eso te quiero más».   Tiene una boca de fuego y una cintura de azogue.           Nadie la bese.           Nadie la toque.   Cuando el látigo del viento suena en el campo: ¡amapola! (como llama que se apaga o beso que no se logra) su nombre pasa y se olvida. Por eso nadie la nombra.   Lejos, por los espartales, más allá de los olivos, hacia las adelfas Y los tarayes del río,   con esta luna de la madrugada, ¡amazona gentil del campo frío!...
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A la manera de juan de mairena
¡Torreperogil! ¡Quién fuera una torre, torre del campo del Guadalquivir!   Sol en los montes de Baza. Mágina y su nube negra. En el Aznaitín afila su cuchillo la tormenta.   En Garciez hay más sed que agua; en Jimena, más agua que sed ¡Qué bien los nombres ponía quien Puso Sierra Morena a esta serranía!   En Alicún se cantaba: «Si la luna sale, mejor entre los olivos que en los espartales».   Y en la Sierra de Quesada; «Vivo en pecado mortal: no te debiera querer; por eso te quiero más».   Tiene una boca de fuego y una cintura de azogue.           Nadie la bese.           Nadie la toque.   Cuando el látigo del viento suena en el campo: ¡amapola! (como llama que se apaga o beso que no se logra) su nombre pasa y se olvida. Por eso nadie la nombra.   Lejos, por los espartales, más allá de los olivos, hacia las adelfas Y los tarayes del río,   con esta luna de la madrugada, ¡amazona gentil del campo frío!...