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Relámpago vital, liebre cenceña entre el llantén y el tallo de la menta. Hoy era tanto siendo tan pequeña. Ahora es sólo una piedra de tormenta. Torpe y mediano el cazador detuvo su sigiloso ovillo de camino. Centella como era, nunca hubo. Sellado en cuatro huellas, su destino. Inmóvil, fría, ojuelos sin oriente, lloro la muerte de su entraña viva, sobre el camino de balasto, ausente, sin la eléctrica gracia sensitiva, tan sólo porque un hombre indiferente, casi sin verla, le tronchó la vida.
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La liebre muerta
Relámpago vital, liebre cenceña entre el llantén y el tallo de la menta. Hoy era tanto siendo tan pequeña. Ahora es sólo una piedra de tormenta. Torpe y mediano el cazador detuvo su sigiloso ovillo de camino. Centella como era, nunca hubo. Sellado en cuatro huellas, su destino. Inmóvil, fría, ojuelos sin oriente, lloro la muerte de su entraña viva, sobre el camino de balasto, ausente, sin la eléctrica gracia sensitiva, tan sólo porque un hombre indiferente, casi sin verla, le tronchó la vida.