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-¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano! Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado que te armaron caballero   en el altar de Santiago, cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado; mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo, yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado; pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!, casástete con Jimena,   hija del conde Lozano; con ella hubiste dineros,   conmigo hubieras estados; dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.  En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado: -¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo, pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!, no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado; ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!
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Romance xiii en que doña urraca recuerda cuando el cid se criaba con ella en su palacio en zamora
-¡Afuera, afuera, Rodrigo,   el soberbio castellano! Acordársete debría   de aquel buen tiempo pasado que te armaron caballero   en el altar de Santiago, cuando el rey fue tu padrino,   tú, Rodrigo, el ahijado; mi padre te dio las armas,   mi madre te dio el caballo, yo te calcé espuela de oro   porque fueses más honrado; pensando casar contigo,   ¡no lo quiso mi pecado!, casástete con Jimena,   hija del conde Lozano; con ella hubiste dineros,   conmigo hubieras estados; dejaste hija de rey   por tomar la de un vasallo.  En oír esto Rodrigo   volvióse mal angustiado: -¡Afuera, afuera, los míos,   los de a pie y los de a caballo, pues de aquella torre mocha   una vira me han tirado!, no traía el asta hierro,   el corazón me ha pasado; ¡ya ningún remedio siento,   sino vivir más penado!