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Don Juan, al peso de la edad vencido, Y con el alma de amargura llena, Vivía, por el reuma recluido, En una antigua casa en Cartagena. Con tisanas sostiénese y bromuro El atleta de eróticas hazañas; Y en su guitarra, que se ve en el muro, Las cuerdas rotas, hilan las arañas. En su sillón, clavado, se aburría, Se aburría don Juan en su aislamiento, Y su pasado al recordar, sentía Tristeza y un tenaz remordimiento. Don Juan durmió después la noche entera, Mientras veía, fúlgida y alada, Una virgen hermosa y hechicera Que inclinaba la frente en la almohada, Y al oído decíale en su sueño: «Si en silencio te amé, si tú en la vida Fuiste mi único amor, mi solo dueño, Hoy te adoro, don Juan, agradecida».
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Don juan
Don Juan, al peso de la edad vencido, Y con el alma de amargura llena, Vivía, por el reuma recluido, En una antigua casa en Cartagena. Con tisanas sostiénese y bromuro El atleta de eróticas hazañas; Y en su guitarra, que se ve en el muro, Las cuerdas rotas, hilan las arañas. En su sillón, clavado, se aburría, Se aburría don Juan en su aislamiento, Y su pasado al recordar, sentía Tristeza y un tenaz remordimiento. Don Juan durmió después la noche entera, Mientras veía, fúlgida y alada, Una virgen hermosa y hechicera Que inclinaba la frente en la almohada, Y al oído decíale en su sueño: «Si en silencio te amé, si tú en la vida Fuiste mi único amor, mi solo dueño, Hoy te adoro, don Juan, agradecida».