Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve, o, quizá, sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita. Tú padeces del diáfano antropoide, allá, cerca, donde está la tiniebla tenebrosa. Tú das vuelta al sol, agarrándote el alma, extendiendo tus juanes corporales y ajustándote el cuello; eso se ve. Tú sabes lo que te duele, lo que te salta al anca, lo que baja por ti con soga al suelo. Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues, si mueres; no lo niegues, si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época. Y, aunque llores, bebes, y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo, a tu vela tristona y a tus partes. Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente, desgraciado mono, jovencito de Darwin, alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio. Y tú lo sabes a tal punto, que lo ignoras, soltándote a llorar. Tú, luego, has nacido; eso también se ve de lejos, infeliz y cállate, y soportas la calle que te dio la suerte y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo? Amigo mío, estás completamente, . hasta el pelo, en el año treinta y ocho, nicolás o santiago, tal o cual, estés contigo o con tu aborto o conmigo y cautivo en tu enorme libertad, arrastrado por tu hércules autónomo... Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos, es peor; no lo niegues, hermanito. ¿Que nó? ¿Que sí, pero que nó? ¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he dicho. ¡Salud! ¡Y sufre!
0
487
El alma que sufrió de ser su cuerpo
Tú sufres de una glándula endocrínica, se ve, o, quizá, sufres de mí, de mi sagacidad escueta, tácita. Tú padeces del diáfano antropoide, allá, cerca, donde está la tiniebla tenebrosa. Tú das vuelta al sol, agarrándote el alma, extendiendo tus juanes corporales y ajustándote el cuello; eso se ve. Tú sabes lo que te duele, lo que te salta al anca, lo que baja por ti con soga al suelo. Tú, pobre hombre, vives; no lo niegues, si mueres; no lo niegues, si mueres de tu edad ¡ay! y de tu época. Y, aunque llores, bebes, y, aunque sangres, alimentas a tu híbrido colmillo, a tu vela tristona y a tus partes. Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente, desgraciado mono, jovencito de Darwin, alguacil que me atisbas, atrocísimo microbio. Y tú lo sabes a tal punto, que lo ignoras, soltándote a llorar. Tú, luego, has nacido; eso también se ve de lejos, infeliz y cállate, y soportas la calle que te dio la suerte y a tu ombligo interrogas: ¿dónde? ¿cómo? Amigo mío, estás completamente, . hasta el pelo, en el año treinta y ocho, nicolás o santiago, tal o cual, estés contigo o con tu aborto o conmigo y cautivo en tu enorme libertad, arrastrado por tu hércules autónomo... Pero si tú calculas en tus dedos hasta dos, es peor; no lo niegues, hermanito. ¿Que nó? ¿Que sí, pero que nó? ¡Pobre mono!... ¡Dame la pata!... No. La mano, he dicho. ¡Salud! ¡Y sufre!
César Vallejo
1892 - 1938/Male/Peruvian