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En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!
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La ventana desierta
En el alféizar tronchado De la vetusta ventana, Un cortinaje de yedra Con flores rojas y blancas; Y en medio del cuadro estrecho De la vidriera empañada, Junto a un tiesto de claveles, Y rozando con la jaula En que prisionero vive Un canario que no canta, Una cabecita rubia Se asoma por las mañanas, A punto que el horizonte Colora la luz del alba. Hay un doncel en el patio Que si la frente levanta Es para ver unos ojos Que en vivo fuego la abrasan. -Con cuánta ansiedad te espero. -¿Me quieres?- Con toda el alma. Seré tuya nasta la muerte, Y moriré si me engañas: -Seré tuyo, sólo tuyo, Soy tu esclavo.                       -Soy tu esclava, -Toma un beso.                         -Toma ciento, Que nos ven.                       -¡Hasta mañana! Este diálogo sencillo, Estas sencillas palabras Cambiaban diariamente Desde el patio a la ventana En los primeros albores De su fugitiva infancia, Hace veinticinco abriles, Dos niños que hoy peinan canas. ¡Cuántos juramentos dulces Aquellas yedras guardaban, Cuántas promesas eternas Entre pétalos de llamas, Escondieron los claveles Al nacer la luz del alba; Y cuántos ardientes besos Cuando en los labios tronaban, Asustaron al canario Aprisionado en la jaula! Hoy... hecho un viejo por dentro, Que también por dentro hay canas, Pasé por la misma calle, Y frente a la misma casa, Y entrando en el viejo patio Busqué la misma ventana. Del roto y pesado alféizar, Que de antiguo se desgrana, No cuelga la yedra oscura Con flores rojas y blancas, Ni está el tiesto de claveles Con sus pétalos de llamas; Mis tristes, cansados ojos ¿Qué buscan? ¿No queda nada? ¡Ay, que de pronto los siento Empañados por las lágrimas! ¿Qué han visto? decid ¿qué han visto? ¿Los ojos suyos? ¿la casta, Limpia y hechicera frente Por los rizos coronada? ¿La manecita nerviosa Arrojándome una carta? ¿Los negros ojos? ¿los labios De roja y caliente grana? Lo que han visto, y que al mirarlo, En tibio llanto los baña, Es una humilde memoria De mi ventura pasada, La que por humilde y pobre Ninguna mano arrebata, Y en la que sus manos puso El primer amor del alma... Es... miradlo en ese muro Y en la viga apolillada Que cierra, formando marco, El cuadro de la ventana. Es el clavo pequeñito De donde pendió la jaula En que vivió aquel canario Que al besarnos se espantaba... No hay nadie... temblando llego, Como el creyente ante el ara... Me parecen que despiertan Mis venturas de la intancia, Y toco el clavo... lo beso, Se me anuda la garganta, Y salgo del viejo patio, Llenos los ojos de lágrimas. ¡Es lo único que me queda De aquel amor de la infancia!