Volví.
Volví a ese lugar que me sostuvo durante un año lleno de tormentas,
un año de altibajos
—quizás más bajos que altos—.
Volví al lugar donde aprendí
que incluso en los días más grises
siempre hay una risa escondida en algún rincón.
El lugar donde lloré sin tener que disimular,
donde me caí una y otra vez,
pero nunca me quedé en el suelo demasiado tiempo,
porque siempre aparecía una mano
—silenciosa, sincera—
dispuesta a ayudarme a levantar.
Un lugar donde, de alguna forma inexplicable,
los problemas se quedaban del otro lado de la puerta
y por un rato
todo volvía a sentirse posible.
Ahí conocí a personas
que con el tiempo se volvieron hogar.
Amigos de verdad.
De los que escuchan incluso lo que no decís.
De los que te aconsejan, te abrazan con palabras
y se quedan cuando todo se vuelve difícil.
Amigos con los que podés reír hasta olvidarte del mundo,
llorar sin miedo,
equivocarte, aprender,
y simplemente ser quien sos.
Porque en sus ojos
nunca hay juicio,
solo ese recordatorio silencioso
de que ser vos
ya es suficiente.
Mar 5
Mar 5, 2026 at 8:52 PM UTC
Volví.
Volví a ese lugar que me sostuvo durante un año lleno de tormentas,
un año de altibajos
—quizás más bajos que altos—.
Volví al lugar donde aprendí
que incluso en los días más grises
siempre hay una risa escondida en algún rincón.
El lugar donde lloré sin tener que disimular,
donde me caí una y otra vez,
pero nunca me quedé en el suelo demasiado tiempo,
porque siempre aparecía una mano
—silenciosa, sincera—
dispuesta a ayudarme a levantar.
Un lugar donde, de alguna forma inexplicable,
los problemas se quedaban del otro lado de la puerta
y por un rato
todo volvía a sentirse posible.
Ahí conocí a personas
que con el tiempo se volvieron hogar.
Amigos de verdad.
De los que escuchan incluso lo que no decís.
De los que te aconsejan, te abrazan con palabras
y se quedan cuando todo se vuelve difícil.
Amigos con los que podés reír hasta olvidarte del mundo,
llorar sin miedo,
equivocarte, aprender,
y simplemente ser quien sos.
Porque en sus ojos
nunca hay juicio,
solo ese recordatorio silencioso
de que ser vos
ya es suficiente.