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Cerrado el horizonte hasta mi puerta y ni menta ni cardo en el camino. Yo me decía a solas: ¡el destino! callé mis truenos y tendime a muerta. En el silencio al fin hubo una incierta, mínima melodía, casi un trino de agua o de flauta, en el vespertino palor como de tierna aurora alerta. Y llegó, ah, llegó lo inesperado y lo irreal. El ensueño no soñado, la libertad de alondras y laureles. En el umbral de paz reconquistada, oteo, sin terror en la mirada hambrientos tigres, jerifaltes crueles.
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Reconquista
Cerrado el horizonte hasta mi puerta y ni menta ni cardo en el camino. Yo me decía a solas: ¡el destino! callé mis truenos y tendime a muerta. En el silencio al fin hubo una incierta, mínima melodía, casi un trino de agua o de flauta, en el vespertino palor como de tierna aurora alerta. Y llegó, ah, llegó lo inesperado y lo irreal. El ensueño no soñado, la libertad de alondras y laureles. En el umbral de paz reconquistada, oteo, sin terror en la mirada hambrientos tigres, jerifaltes crueles.