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Adusto, así, vendría del Opón por la trocha; Y el arma en sangre tinta hasta los gavilanes, Por los desfiladeros del turbio Chicamocha, Cerrando iría contra «macareguas» y «guanes». La cota, acero; acero la voluntad y acero La audacia en el peligro y en el feral palenque. Sed de sangre y de oro por áspero sendero, Mas también fuerte músculo para una raza enclenque. En la azul lontananza, lo ignoto, lo imprevisto; La emboscada en las sombras, o del jaguar el salto: E] arco del flechero, bajo el boscaje listo; La noche en vela, y siempre la lucha o el asalto. Para vivir, raíces; para dormir, la pampa; Y siempre hacia adelante, de su caballo al trote, Contra los aborígenes, en llano, bosque o rampa, Del arcabuz la bala o de la lanza el bote. Así pasó, y pasaron en fiera acometida; Por ríos y por selvas, hierro y firmeza estoica. Tras el oro, la Muerte, pero dejando vida… ¡De galera o presidio para la gesta heroica! Erguido; rudo el ceño; cicatriz que le cruza La frente estrecha: tajo quizá en Italia o Flandes; Puñal en trapisonda de mesón con gentuza, O flecha en un sombrío peñascal de los Andes. En sus ojos, el alma fulge con vivos reflejos, Y frente al horizonte, que se abre dilatado, Parece que tuviera la mirada muy lejos, Absorta en el ensueño radioso de «El Dorado».
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Conquistador de oro
Adusto, así, vendría del Opón por la trocha; Y el arma en sangre tinta hasta los gavilanes, Por los desfiladeros del turbio Chicamocha, Cerrando iría contra «macareguas» y «guanes». La cota, acero; acero la voluntad y acero La audacia en el peligro y en el feral palenque. Sed de sangre y de oro por áspero sendero, Mas también fuerte músculo para una raza enclenque. En la azul lontananza, lo ignoto, lo imprevisto; La emboscada en las sombras, o del jaguar el salto: E] arco del flechero, bajo el boscaje listo; La noche en vela, y siempre la lucha o el asalto. Para vivir, raíces; para dormir, la pampa; Y siempre hacia adelante, de su caballo al trote, Contra los aborígenes, en llano, bosque o rampa, Del arcabuz la bala o de la lanza el bote. Así pasó, y pasaron en fiera acometida; Por ríos y por selvas, hierro y firmeza estoica. Tras el oro, la Muerte, pero dejando vida… ¡De galera o presidio para la gesta heroica! Erguido; rudo el ceño; cicatriz que le cruza La frente estrecha: tajo quizá en Italia o Flandes; Puñal en trapisonda de mesón con gentuza, O flecha en un sombrío peñascal de los Andes. En sus ojos, el alma fulge con vivos reflejos, Y frente al horizonte, que se abre dilatado, Parece que tuviera la mirada muy lejos, Absorta en el ensueño radioso de «El Dorado».