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Thiagopaladino
Argentina/God is great
Alguna vez me soñé en la infinidad de mi desolada calle, bajo el cielo gris. A mi izquierda mi dolido hogar. A mi derecha algunos autos abandonados lejos de mí. No estuviste ahí para verme en medio de la nada. No estuviste ahí para sentir lo chico y vacío que fui. No estuve ahí para escucharte y poder decirte todo lo que alguna vez te dije. No estuve ahí para verte y poder contarte todo lo que alguna vez soñé.
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Jan 7
Jan 7, 2026 at 5:33 PM UTC
La calle
Y es que no quisiera decepcionarte por mis actos. No escucharte cuando tus lágrimas caían creer que te quiero de la forma que vos querés las promesas que no cumplí no decir 'te amo' las veces que hace falta las veces que no pude mirarte a los ojos los tulipanes que nunca te regalé pensar en vos, en tu decepción en mí en mí pasado que vuelve a ser presente las horas que murieron para que yo no haya cambiado las letras que tienen mí firma no tomarte de la mano aquél día la imposibilidad de una versión de mí que, alguna vez, prometí ser por las palabras que nunca dijiste No quiero decepcionar(me).
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Dec 18, 2025
Dec 18, 2025 at 1:51 PM UTC
Decepcionar(te)
Hay cierta intimidad en recordar detalles cuando vos ya no los recordás. No importan mis recuerdos tampoco tu dulce perfume ni la brisa rozando tu pelo el verde de tu suéter ni tu sonrisa sincera la sensibilidad de tu alma ni siquiera el frío sentir de mis manos ni cuando ni cómo ni por qué ni dónde Hay cierta intimidad en recordar(te).
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Dec 15, 2025
Dec 15, 2025 at 12:25 PM UTC
Recordar(te)
Los espejos son mentales. Dice el ciego al ver su reflejo. Vi partes de vos en mí y de mí en vos. Me vi en tus ojos mirándote. Guardé lágrimas en mi bolsillo. La pregunta en nuestras miradas. Supe volver a donde nunca fui. Tus temores son los míos. Leí tristeza en el ritmo de tu pecho. Tu silencio me habla de vos. Las mentes son espejos.
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Nov 23, 2025
Nov 23, 2025 at 11:38 PM UTC
Espejos
Podría decírtelo y no ser verdad. El viento me robaría cada verso. Soy por lo que sos y por lo que puedo ser con vos. Somos todo lo que elegimos hacer. Te lo dije cuando me quedé admirando el color de tus ojos. Tus labios tocaron la copa para después tocar los míos. Nos enseñamos nuestras cicatrices para nunca más dañarlas. Vi que llorabas y derramé lágrimas con vos. Mi boca no dijo nada, y un abrazo fue suficiente. Entendiste que estar y quedarse no son lo mismo. Nuestros hechos hablaron y vos lo sabías.
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Nov 17, 2025
Nov 17, 2025 at 10:09 PM UTC
Estar y quedarse
Cuando el mundo me hablaba de vos. Las promesas frías de junio El café y un corazón en su espuma Las canciones que dejaste en mi playlist Los bombones que se derritieron mientras hablábamos Mis ganas de escribir(te) Las palabras que no te dije para poder mirar tus ojos un rato más Los pétalos morados que caen Las hojas ya secas de una santa rita en las páginas de un libro viejo.
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Nov 13, 2025
Nov 13, 2025 at 11:11 PM UTC
Escribir(te)
ya no sé si estás o si fuiste si la copa está llena o si el tiempo se vació ya no sé si esta casa es casa o si solo es eco de tu voz ya no sé si este reloj marca la hora o la herida que aún sangra en las agujas del reloj
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Jul 10, 2025
Jul 10, 2025 at 12:20 AM UTC
El eco y la copa
Volver a vernos, tendidos bajo el cielo lleno de estrellas. La noche oscura, sabia, cuenta cuentos y poesías, donde el tiempo se escurre en dilemas y el alma viaja sin esquemas. Te espero, entre la línea que dibujan el cielo y el mar, sereno. Es ahí, en la profundidad de las aguas que se llevan mis temores y ansiedades marea adentro. Donde resuena el blues cada vez que rompen las olas, y un bolero cada vez que la marea vuelve a subir. ¿Será el río quien nos recuerda el camino? Dicen que el amor es amarillo, pero para mí es un jazz, un soul. Un azul oscuro, fiel compañero, o celeste como la bandera, que colorea nuestra calma y desdibuja el temor. Pero fue al mirar tus ojos, inundados de color, que entendí que el cielo, la noche y el mar eran solo ensayos para preparar mi alma al abismo sereno de tu mirada.
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Jul 4, 2025
Jul 4, 2025 at 12:21 AM UTC
Jazz en la marea
Viendo cómo caían las gotas de lluvia en su ventana, Luis, invadido por la melancolía, estuvo a punto de llamar a Gabriela, que había aprendido a dormir con lágrimas, y contarle cuánto la extrañaba. Hacía ya varios meses que no había comunicación y, desde ese momento, ella no había vuelto a casa. Hubo muchas discusiones, gritos y silencios. Luis era un hombre tanto de grandes aciertos como de grandes errores. Su camino fue áspero. Pasó por momentos de ira, ansiedad y problemas con el alcohol: no paraba de beber. Muchas veces salía y no volvía. Luego de una fuerte pelea, fue a su joyería. Quería regalarle una cadena de oro a su esposa. Un gesto de paz, desde el lugar donde solía brillar lo que sus propias manos forjaban. De repente, se escucharon disparos. Entraron ladrones al local. El corazón le latía con fuerza. Se tiró al suelo y se metió bajo un escritorio. Fue entonces cuando la luz de la ventana iluminó una Biblia. Tenía un versículo subrayado: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9). En ese instante, no tuvo miedo. Uno de ellos lo encontró. Le apuntó con el arma, intentó disparar, el gatillo sonó. Pero la bala no salió. El ladrón simplemente huyó. Ahí entendió que el Señor no había terminado su obra. Una noche, lleno de angustia después de tantas discusiones, le dijo a Gabriela: —Sé que fue mi culpa. Acepto mi error. Amor, perdóname. Dame una oportunidad. De demostrarte que he cambiado. El mismo no soy, porque algo pasó un buen día… fue que Dios llegó a mi vida y la cambió. En ese momento, ella no respondió. Y con mucho dolor, no lo perdonó. Días más tarde, en la iglesia, la melodía de "Tú no permitas" sonaba de fondo. Entonces, Gabriela lo vio. Era Luis. Llevaba el traje de su casamiento. Sus ojos, hechos de cristal. Su alegría fue tanta al verlo allí, que corrió hacia él. Aunque seguía enojada, nunca dejó de orar por su esposo. Le dijo: —Uno puede ser vencido; dos, en cambio, resisten mejor; pues no se rompe fácilmente una cuerda de tres cabos (Eclesiastés 4:12). Jehová, mediante un sueño, le había mostrado que ese día, tarde o temprano, iba a llegar. Y fue ahí, no con flores, sino con lágrimas, donde se volvieron a encontrar. No perfectos, no sin heridas. Pero esta vez, con Dios entre los dos. Y esa tarde, Gabriela ya no vio al hombre que la lastimó… Sino al hombre que, con Jesús, volvió a nacer. Porque el que está en Cristo, nueva criatura es (2 Corintios 5:17).
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May 23, 2025
May 23, 2025 at 1:36 AM UTC
Dame una oportunidad
Viendo cómo caían las gotas de lluvia en su ventana, Luis, invadido por la melancolía, estuvo a punto de llamar a Gabriela, que había aprendido a dormir con lágrimas, y contarle cuánto la extrañaba. Hacía ya varios meses que no había comunicación y, desde ese momento, ella no había vuelto a casa. Hubo muchas discusiones, gritos y silencios. Luis era un hombre tanto de grandes aciertos como de grandes errores. Su camino fue áspero. Pasó por momentos de ira, ansiedad y problemas con el alcohol: no paraba de beber. Muchas veces salía y no volvía. Luego de una fuerte pelea, fue a su joyería. Quería regalarle una cadena de oro a su esposa. Un gesto de paz, desde el lugar donde solía brillar lo que sus propias manos forjaban. De repente, se escucharon disparos. Entraron ladrones al local. El corazón le latía con fuerza. Se tiró al suelo y se metió bajo un escritorio. Fue entonces cuando la luz de la ventana iluminó una Biblia. Tenía un versículo subrayado: "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9). En ese instante, no tuvo miedo. Uno de ellos lo encontró. Le apuntó con el arma, intentó disparar, el gatillo sonó. Pero la bala no salió. El ladrón simplemente huyó. Ahí entendió que el Señor no había terminado su obra. Una noche, lleno de angustia después de tantas discusiones, le dijo a Gabriela: —Sé que fue mi culpa. Acepto mi error. Amor, perdóname. Dame una oportunidad. De demostrarte que he cambiado. El mismo no soy, porque algo pasó un buen día… fue que Dios llegó a mi vida y la cambió. En ese momento, ella no respondió. Y con mucho dolor, no lo perdonó. Días más tarde, en la iglesia, la melodía de "Tú no permitas" sonaba de fondo. Entonces, Gabriela lo vio. Era Luis. Llevaba el traje de su casamiento. Sus ojos, hechos de cristal. Su alegría fue tanta al verlo allí, que corrió hacia él. Aunque seguía enojada, nunca dejó de orar por su esposo. Le dijo: —Uno puede ser vencido; dos, en cambio, resisten mejor; pues no se rompe fácilmente una cuerda de tres cabos (Eclesiastés 4:12). Jehová, mediante un sueño, le había mostrado que ese día, tarde o temprano, iba a llegar. Y fue ahí, no con flores, sino con lágrimas, donde se volvieron a encontrar. No perfectos, no sin heridas. Pero esta vez, con Dios entre los dos. Y esa tarde, Gabriela ya no vio al hombre que la lastimó… Sino al hombre que, con Jesús, volvió a nacer. Porque el que está en Cristo, nueva criatura es (2 Corintios 5:17).
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Hay quienes creen que el amor se expresa con palabras. Tan ingenuos, piensan que un “te amo” mentiroso y superficial bastaría para enamorar a una mujer que ya conoció el vínculo más puro. Ella sabe que lo eterno no viste de flores ni de promesas, sino de heridas y verdad. Que no se grita, se sacrifica. Y que el mayor acto de amor que recibió fue de un hombre perfecto, sin pecado, que fue torturado y crucificado para que todos nosotros fuésemos salvos. ¿Cómo podrían amarla aquellos que no conocen al que dio su vida por amor?
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Apr 18, 2025
Apr 18, 2025 at 11:12 PM UTC
Actos de amor